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7.12.07

Luciana Salazar (segunda parte)

Luciana Salazar tuvo buenas intenciones, pero nuestros periodistas Martín y Leonardo no pudieron dominar sus hormonas y le tocaron los pechos.


“Nene, salí del baño que hace dos horas y media que estoy esperando para bañarme”, le dijo la madre de Martín a Martín, quien estaba dándole duro y parejo a la manopla, liberando hormonas para poder llevar a cabo la entrevista a Luciana Salazar sin tocarle una teta.

Leonardo, en cambio, fue mucho más... ¿cómo decirlo? ¿Intimista? El muchacho tiene prohibido quedarse más de cinco minutos en el baño, y mucho menos llevar una revista a ese recinto del demonio. Por lo tanto, juntó lo ahorrado durante cinco años y se fue hasta un telo. Solo, obvio. Allí se metió en el jacuzzi, lo llenó espuma, después se pegó un baño en la ducha romana, se acostó en la cama, abrió un preservativo, lo infló e hizo un globito, prendió el canal porno y le dio duro y parejo al viejo arte de la masturbación.

Sí, digámoslo con todas las letras, porque los jóvenes de hoy también se masturban. No todo es PlayStation y rocanrol. También existe la paja. Tratemos este tema, que tanto nos preocupa a los latinoamericanos.

A pesar de los denodados esfuerzos que hicieron Martín y Leonardo para no tocarle un pecho a Luciana, las cosas no terminaron lo que se dice bien. Más bien terminaron mal. Más mal que bien, o sea bien para el culo. Todo mal. No, no todo. Pero... bueno, continuemos con nuestro relato.

La entrevista estaba pactada a las 12.35 de la noche, en un bar en Palermo Harlem, donde Luciana prácticamente vive. No, en realidad vive en su departamento. Pero en ese bar parece que la chica tiene su tongo, y bueno... son cosas que no nos competen.

Justamente en eso pero sin el “com” ni la “n” final, venían pensando Martín y Leonardo cuando llegaron al bar. Luciana tenía un escote profundo que literalmente asustó a Leonardo, al punto de casi salir corriendo del lugar para ir de nuevo al telo y dedicarle una.

Por suerte, Martín tuvo un momento de madurez y lo frenó. “No, boludo, tenemos que crecer, boludo, no todo es sexo, boludo”, dijo. “También existe La Renga, que es una pasión, boludo”. Luciana los miró y le dijo a su manager: “¿quiénes son estos dos pendejos pajeros?”. “Ma' pendeja pajera será vo'”, dijo Leonardo, con toda la furia del mundo. Empezaron mal. Luciana estuvo a punto de levantarse e irse... a buscar un patovica para que los cagara a palos. “Boludo, esto a Rolando Graña no le pasa”, comentó Martín, y luego agregó: “señorita Luciana, nosotros no queremos faltarle el respeto, ocurre que somos vírgenes en el ámbito de la entrevista... y en otras ámbitos también. Si usted quiere hacernos el favor de brindarnos un buen debut... en el periodismo, no nos malinterprete.” A Leonardo casi le agarra un paro cardíaco: su amigo Martín había hablado mucho sin decir “boludo” ni una vez. Groso.

Luciana aceptó las disculpas, y Leonardo peló el machete. Primera pregunta: “¿es verdad que te gusta el sexo anal?”. Martín tuvo una erección. Luciana respondió: “sí, me encanta, sobre todo que me lo hagan los chicos con granos en la cara y que sean aspirantes a periodistas”. Y Martín no aguantó. Se paró (ejem), tiró la mesa al carajo, y con la lengua afuera se le abalanzó a la Salazar y le tocó el pecho izquierdo. Leonardo aprovechó la volteada y le pudo tocar el derecho.

El manager se puso como loco: sacó el celular y llamó directamente al Enano Groso, mientras unos patovicas agarraban de las cejas a Martín y Leonardo y les depilan los pendejos con una cuchara de acero inoxidable.

El Enano Groso, al enterarse del atropello cometido por sus pichones de periodista, llamó directamente a los padres de los muchachos y les dijo: “queridos padres, tutores o encargados: no quiero volver a sus hijos nunca más. Estoy dispuesto a pagarles una mudanza a ellos y a toda su familia, e incluso a cambiarles los nombres, con tal que no molesten más mis perspectivas triunfalistas. Si llegan aparecer en un diámetro menor a los 4000 metros de mi oficina, los mando a castrar por mis samurais. Desde ya, muchas gracias por su atención. Muy atentamente, Enano Groso, rey del Universo y alrededores”.

Y sí, la triste verdad asoma: ya perdimos a Toti Chumpete, mandamos al Guachín a la selva chaqueña, y ahora se nos van Martín y Leonardo. ¿Quedará alguien para fin de año? Temor.

Luciana Salazar

Querida Luciana Salazar: si estás leyendo estas palabras, por favor te pedimos que tengas mucho cuidado esta semana. Dos púberes, astros en el onanismo, están buscándote.


“Del barrio me voy, del barrio me fui, voy dejando atrás todo el arrabal...”, cantaba Toti Chumpete, fanático de Daniel Melingo, acodado en un bar de San Telmo, tomando un Tetra.

En nuestra anterior entre(no)vista, les contamos cómo Chumpete renunció a la web y las consecuencias que eso trajo.

Queremos resaltar que desde Lauweb estamos tremendamente apenados por la partida de ese pilar del periodismo autóctono. Nos encontramos todavía conmovidos por su renuncia, tristes, apesadumbrados, dolidos, estupefactos.

Pero la vida sigue, y nosotros seguimos ¡pum para arriba! Que Toti Chumpete se muera de cirrosis. ¡Qué nos importa! Es más, ya casi nadie se lo bancaba en la redacción. Era un nabo pesadísimo, que lo único que hizo fue fracasar en cada entrevista, que quiso tener su sección, y cuando la tuvo la abandonó. Una verdadera lacra.

El Enano Groso apostó todo ahora a los pollos jeropas Martín y Leonardo. Los llamó para que fueran a verlo a su mismísima oficina. “Sí, boludo, te re juro, boludo, que el Jefe nos quiere hablar, boludo, por ahí nos quiere aumentar el sueldo, boludo”, dijo Martín. A lo que Leonardo respondió: “¿Pero vos sos medio boludo, boludo? Seguro que nos raja y nos hace violar por algún samurai, boludo”. “Uuuuh, es verdad, re pintó el bajón, boludo”, respondió Martín, “mejor vayámonos a nuestro casa con nuestros padres y no volvamos más, boludo”.

Pero como dice la Santa Biblia del Periodismo Facho, nadie escapa a la mano dura del Enano Groso. Todos somos juzgados a través de su impiadosa violencia. Martín y Leonardo lo sabían, y si no lo sabían se lo hicieron saber cuando un grupo de samurais armados con cuchillos Tramontina entró a la redacción y secuestró a los púberes periodistas al grito de: “San garán aichidooo, saján”, que en castellano quiere decir: “El Enano los espera, estúpidos, vamos ya antes que venga la hinchada de Chacarita y les haga un enema a los dos no sin antes llevarlos hasta el baño y hacerles la famosa lluvia marrón”.

Martín y Leonardo fueron custodiados, entonces, hasta la oficina del Enano. Pero cuando llegaron no estaba el Enano tras el escritorio, sino la Jefa de Redacción conocida como La Vieja. “El señor Enano Groso es demasiado groso como para recibir a dos estudiantes repletos de acné”, dijo mientras se clavaba una bola de fraile mojada con Taí de pomelo. “La voy a hacer corta: nos quedamos sin personal y no estamos dispuestos a contratar a nadie, por lo tanto ustedes dos tendrán que hacerse cargo de las entrevistas. Su primera misión es conseguir una nota con Luciana Salazar. No pongan esa cara de jeropas. No van a ver sólo una tetas, también verán una cola. Y tomen: llévense mi celular con cámara para sacar fotos. Sí, tal es la confianza que les tengo. Ahora vayan a por Luli”.

Los dos polluelos admiradores de Rolando Graña (“Rolando es lo más, boludo”, dijo Martín cierta vez) fueron corriendo al baño y se descargaron flor de manopla con todas las fotos de Luciana que tenía guardadas en una carpeta.

“Ahora sí, boludo”, dijo Leonardo, “ya estamos listos para ser unos profesionales, boludo”.

19.9.07

Alcides (segunda parte)

El Guachín tuvo su entrevista con Alcides, pero terminó fajado por el Grupo Commanche y convertido en pastor colombiano. O algo así. El mundo es, ahora, un lugar mejor.


¡Cómo le gusta el baile! ¿A quién? Al hijo de cuca. Y cuidado, cuidado, cuidado con la bomba, Chita. Ufff, estamos que no podemos más. Hasta Mariano Bondiola está bailando al ritmo de Gladys, la bomba tucumana.

Les pasamos a contar lo acontecido estas semanas, los ponemos al día, los bañamos de la actualidad lisérgica característica de esta sección.

La idea (brillante, por cierto) de la Vieja era hacer una nota que versara sobre las diferencias entre la cumbia clásica y la cumbia villera. Para eso, mandó al Guachín, nuestro cronista estrella (perdón Toti), a una entrevista con Alcides. Sí, el de “no la dejes ir, no la dejes ir, ¿por qué? Te lo digo yo...” Ok, basta.

Ayer justamente llegó a la redacción el cronista cumbianchero y nos contó lo sucedido en su encuentro con Alcides:

“No, vago, yo renuncio mañana, esto me cambió la vida, gatu. Conocerlo al cumbiamba clásico este, al guacho este, me cambió las perssspectiva me cambió. Miren, yo les cuento, guachos, pero que la vieja chota esa no se enoje porque no hay nota. No, loco, recatate, vieja. Yo me iba en mi falcon tuniado pa' la casa del guacho essste escuchando un tema mio que dice: 'ay, ay, ay... vamo' la mano la mano la mano... sos una peteraaaaa, re trola y bananeraaaa... lo' pibe del barrio me batieroooon que te comes el morcipan completo, y que en la noches frías o calientes, vos les hacés flor de peeeteeee...' Bueno, gatuuu, hoy ya me recaté, loco, no quiero escribir más esa puesía de la calle, me quiero recatar, loco, y todo gracia' al Alcides”.

Conmovidos por este relato, los estudiantes de periodismo Leonardo y Martín se pusieron de pie y aplaudiendo dijeron: “señor Guacho, le queremos decir algo, boludo, que este mensaje es para los fachos como Blumberg: siempre la gente, por más bruta que sea, se puede rehabilitar.”

“¿Quiénes son los guachos estos?”, dijo el Guachín.

Martín tomó la posta y aclaró mientras se acomodaba el huevo izquierdo: “somos dos estudiantes que estamos haciendo una pasantía en esta redacción tan... tan... tan... decadente. Pero ahora por favor continúe con su tan interesante relato y sepa de nuestro eterno respeto, boludo”.

“Gracias, loco... Aprendé del guacho essste que acá les habla, aprendé la lecion, aprendan. Bueno, iba con mi falcon tuniado y llegué al chalé de Alcides, yo estaba re drogado, loco, jajajajajaja, qué vaganciaaaa, locuuu, jajajaja... pero esos son tiempos pasados, gatu, ya me recaté... y le dije al Alcides, le dije: 'eh, guacho, ustedes los de la cumbia romántica me pueden mascar el prepucio'... y sí, me fui al re carajo, pero era la re vaganciaaa, locu... y después el Alcides se puso mal, me putió el loco, pero yo me quedé ahí batiéndole cosas, hasta que Alcides se recalentó y llamó a sus amigos de la cumbia clásica, gatu... me dijo: 'ahora vamos a ver si te hacés el vivo', y ahí nomá' llegó Pocho la pantera y llegó también Ricky Maravilla, locu... Como yo estaba re colocadooooo me chupó un guevo y la mitá del otro, y los seguí putiando... Pero loco, después recapacité, loco, porque llamaron al grupo Commanche, gatuuu... no sé, loco, se ve que tomaron alguna pastilla, porque los locos estaba re grosos, gatu, y me fajaron.”

En ese momento, mientras pronunciaba esas palabras con ese lenguaje tan estremecedor, al Guachín, al rey del paco y la cumbia brava, al mismo Marco “Guachín” Antonio, se le cayeron unas lágrimas.

“Sí, locuuu, porque después de cagarme a palo, se acercó Alcides y me dijo: 'escuchame, hijo de Dios, tú tienes una responsabilidad, un objetivo en esta vida: tienes un poder en tus manos, que es tu música, tu lírica. Tú tienes una responsabilidad social. Deja ya de cantarle a la droga, al alcohol, al acto sexual, y encomiéndate a Dios, Hermano.' Eso me dijo Alcides, loco, y listo, ahí nomá me asocié a su iglesia, loco, por eso les comunico que dejo esta redasion y me voy con unos pastores colombianos, me voy a hacer escursion, para desintocicarme, no quiero más cantar cumbia villera, gatuuu, quiero respetar a la mujer, loco, quiero respetar a la Madre Tierra, quiero respetar la propiedad privada, locuuuu, quiero respet... respet... pet... peteeeeeeeeee, petar, peteeeee, peteeeeeeeee, hacéme un peteeeeee, guachaaaaa...”

Entiéndanlo: el Guachín todavía no está totalmente rehabilitado, y le cuesta despegarse de su costumbres cumbiancheras. Por suerte, Martín y Leonardo se le acercaron y trataron de consolarlo: “no, señor Guacho, esa palabra no se dice”.

Podemos decir, como para concluir esta entre(no)vista tan esperanzadora, que la cumbia clásica le ganó la pulseada a la cumbia villera.

¿Se viene San Alcides? Amén.

Alcides (primera parte)

“No lo dejes ir, no lo dejes ir, ¿por qué?, te lo dice el Enano Groso, ¿quién es? Alcides y se va sin decir adiós.” Sí, mandamos al Guachín a entrevistar a uno de los grosos de la cumbia clásica.


Un hecho inusitado se dio el lunes a las tres de la madrugada en la redacción. Con paso de cumbia, hizo su entrada nada menos que el Enano Groso, el Jefe supremo y absoluto no sólo de esta web sino también de todas las galaxias circundantes a la nuestra. Se notaba a varios kilómetros que tenía un pedo como para cinco.

En una esquina, sentados en un rincón dele tipear, estaban los noveles cronistas Martín y Leonardo. Sí, de vuelta luego de una desconocida aventura en La Rioja intentando una entrevista con el Carlos (que seguramente, cuando nada se nos ocurra -y eso pasa seguido- contaremos), allí estaban nuestros estudiantes de periodismo, estupefactos ante la aparición de su patroncito en estado lamentable. “No nos quedan ejemplos a seguir, boludo” susurró Martín a su inseparable compañero.

“Eh, ustedes dos, manga de inútiles”, gritó el Enano tambaleándose y largando un olor a tetra insoportable, “eh, ustedes, ¿hay alguien responsable en este lugar de mierda? ¿Dónde está la vieja chota esa, eh?... ¡Hip! No la dejes ir, no la dejes ir... ¡Hip!”.

“Señor amado nuestro: la señor Vieja está durmiendo en su casa. El único adulto responsable presente en la redacción es el Guachín, que está en el baño haciéndose una manopla”, dijo Leonardo, arrodillado a los pies del Jefe.

“¡Y díganle que venga ya, eh! ¡Hip! ¿Qué tendraaa el petisoo? ¡Hip!”.

Pero no hizo falta que Martin o Leonardo fueran a interrumpir al Guachín en su noble labor onanista, porque justamente en ese momento el cronista cumbianchero irrumpió al grito de: “¡Jajajajaja, gatuuu! ¡El enano trolo se tomó hasta el agua el inodoro se tomó!”.

“Mire, agradezca que estoy sin mis samurais porque acabo de venir de una fiesta, que sino ya le hubiesen cortado la cabeza... además ¡hip!, tengo que pedirle un favorcete”.

“¿Que te rompa el ojete? Jejeje”, preguntó el Guachín.

“¡Pero qué chico más ocurrente!”, ironizó el Enano mientras vomitaba un cacho de pizza, “quiero pedirte de corazón, ¡hip!, de corazón, de acá adentro, que le hagas una entrevista al rey de la cumbia romántica: Alcides”.

“Uh, no, esos putos de la cumbia romántica se la comen doblada, gatuuu...”

“Bueno, mire, ¡hip!, señor Guacho, lleguemos a un acuerdo: primero les hace una entrevista y luego envío unos samuraís para que le peguen flor de paliza a Alcides, ¿le parece?”.

El Guachín asintió, entusiasmado ante la violencia física de la propuesta. Pero luego se produjo una situación de lo más patética, de la cual Martín y Leonardo fueron pasivos y asombrados espectadores: el Enano Groso, es un estado lamentable, se puso a cantar el hitazo de Alcides “Violeta” y a bailar con el Guachín, cuando se resbaló con su propio vómito y se dio la cabeza contra el suelo.

“¡Juaaaaa! ¡Se está desangrando! ¡Qué vagancia, locuuu!”, festejó el rey de la cumbia villera.

Ahí se quedó, o muerto o dormido, el Enano Groso, mientras Martín y Leonardo se preguntaban: “¿Cómo hago ahora para estudiar a Eliseo Verón con el recuerdo de este patético show, boludo?”.

Cuando al otro día la Vieja, nuestra jefa de redacción, se enteró que el Guachín tenía que verse cara a cara con Alcides, pensó: “¡Excelente! La cumbia villera se enfrenta a la cumbia romática... Dos épocas, dos argentinas... Una en pleno idilio menemista, los viajes a Miami, el microondas barato; la otra, en la debacle de la Alianza... Es bueno, me gusta... esperemos que el inútil este del Guachín... ¡Momento! ¿Alcides está vivo? Sí, creo que sí. ¿O no?”

En medio de estos pensamientos estaba la Vieja cuando se resbaló con el ya famoso vómito del Enano, que todavía estaba ahí, inalterable, al igual que el mismo Enano, roncando como un tronco.

“¡Pero carajo-mierda! ¿quién tiene que limpiar esta asquerosidad? ¡Manga de inútiles!”, gritó la Vieja.

“Momentus: me disculpo por mi tardanza, y por los incovenientes causados. Ya mismo agarró un trapo y limpio este desastre llamado vómito, que viene del griego 'vomitum', que significa 'hombre que escupe su alma pa' aguera'”.

Sí, era el mismo Mariano Bondiola, que había sido condenado a limpiar los pisos de la redacción durante unas semanas debido a la fracasada nota y el intento de violación hacia Maru Botana.

30.7.07

Carlos Menem (segunda parte)

Leonardo. Martín. Carlos. Zulemita. La Vieja. Toti. Enano. Groso. En este zoológico de personajes, cualquier cosa puede pasar... menos que todo o algo salga bien.


“¿Hola, Carlos?”, preguntaron los púberes periodistas Martín y Leonardo.

“Sí, ¿quién habla? ¿Zulemita?”

“No, no, somos dos jóvenes que estamos interesados en hacerle algunas preguntas”.

“No, io preguntas no contesto a los giles”, sentenció el Carlos y cortó.

Temor. Pánico. Alegría. Sed. Sindicalismo. Odio. Vivimos en un mundo. Sí, vivimos en una galaxia. Eso. No queríamos decir nada original, sólo boludeces (para variar).

Ocurrió luego del estrepitoso fracaso que La Vieja les mandó el siguiente mensaje de texto a Martín y Leonardo:

“Pero utds sn mdio pltuds? Vngn ya pqe sino stn dspddos y adms les rscndo el contrt... anqu stn en ngr y trbjndo por dos psos cn cncnt. Ls vy a rscndr el contrt con la vid, de la plza q les vn a dr ls smurs del Inestimable y Altísimo Señor Enano Groso”.

Los dos pichones del periodismo-verdad tiraron el celular al Riachuelo y se fueron a emborracharse a “El Obrero”, un barzucho de La Boca. Allí, entre las sombras, creyeron ver a un personaje extraño pero a la vez familiar. Se acercaron a él, desencantados del mundo como estaban, y lo invitaron a un trago.

“Paga el Enano Groso”, dijeron.

El extraño giró la cabeza y sus ojos se iluminaron como la luna: era nada menos que el indomable Toti Chumpete. Con una voz ronca, irreconocible, les dijo: “¿Enano Groso? Je je je. ¿Ustedes trabajan para él? ¡Díganle que no le tengo miedo a sus patovas orientales! ¡Las amenazas no surgirán efecto, manga de atorrantes hijos de una gran perra parida en el prostíbulo más decadente de la metrópolis pérfida!”.

“No, no, señor Chumpete”, susurró Martín, “todo lo contrario: nosotros lo admiramos, somos trabajadores del palo como usted. Y estamos desencantados, alienados, hastiados del mundo. Nos mandaron a entrevistar al Carlos, pero fracasamos.”

“¿Al Carlos? ¿Acaso ustedes dijeron “al Carlos”? Supongo que se refieren al ex patilludo. El señor Enano Groso, y se lo digo sin ningún tipo de respeto, quiere destruir el futuro de lo que alguna vez fue una redacción dominada por gente como yo, gente que quería trabajar, gente que... bueno, que ha quedado trastornada también. Vean que... me debo a mi público... soy un hombre responsable que dejó la vida...”.

Sin terminar de pronunciar la frase, Toti cayó desmayado.

El colapso del ídolo. Sí.

En ese momento, a Martín y Leonardo les agarró un julepe tremendo: no querían terminar ahogados en su propio vómito.

Decidieron, pues, tomarse un avión hasta La Rioja... bueno, en realidad no, se fueron en bondi... no, tampoco... Perdón, pero no podemos ir contra nuestra incansable búsqueda de la Verdad: se fueron a dedo. No sabemos si alguna vez llegarán a la tierra del Carlos.

Por el momento, el paradero de Martín y Leonardo es desconocido. Informamos a sus padres que cualquier reclamo debe ser callado si no quieren ser reprimidos violentamente.

A raíz del extravío de estos dos poco talentosos periodistas, y con Toti Chumpete en las sombras, le pedimos al señor Guachín que regrese de su exilio.

In Guachín we trust.

Carlos Menem (primera parte)

Aaaaaaaaaaah, arrrrrrrrrrgggggggggggh, aaarghghehe, laaaaaaaaaaaaaaaaccccccccoon chaaaaaaaaaa. Aaaaaaaaaaaaaaaaah, agárrense el izquierdooooooo.


Hagamos un repaso por nuestra sacrificada redacción:

-Tenemos al Enano Groso, jefe supremo y dueño de la mosca, secundado por un inquebrantable ejército de samurais que hace de fuerza represiva y de secretarios de escasa palabra.

-Tenemos a La Vieja, recientemente ascendida a Jefa de Redacción, después de ser durante años una simple secretaria renegada.

-Tenemos a Toti Chumpete, que el año pasado la rompió en esta misma sección, y que ahora anda creándose un espacio propio. Un tipo correcto, con información certera, siempre dispuesto a dar la vida por una nota de mierda.

-Tenemos al Guachín, nuestro cronista cumbianchero, ahora prófugo luego de la brutal represión del Enano Groso.

-Tenemos a Martín y Leonardo, dos púberes del periodismo, que hicieron su entrada por la puerta chica hace un par de semanas, intentado secuestrar a Tinelli y viendo a Moria Casán cagar.

-Y por último tenemos a un montón de inservibles, que quizás en algún momento peguen el salto hacia la galería de inestimables periodistas de esta loca sección.

Luego de este repaso por nuestro staff, vamos a lo que nos compete. Y si decimos “compete” nos acordamos de Chumpete, y de Chumpete saltamos al Guachín, cuya inoperancia (según la Vieja) hizo que los inexpertos Martín y Leonardo se tuvieran que hacer cargo de la entrevistas.

A nuestra ex emérita secretaria, devenida kapanga de la redacción, le picó el bicho de la poesía berreta y después de clavarse uno de mortadela, sentenció frente a una redacción atónita: “Oh, oh, oh... oh, oh, oh... arrrgh... momento, que se me atragantó un cacho e' pan... ejem, ejem... a ver... ahora sí: oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh y oh, queridos redactores y servidores a la patria del Enano Groso, escuchen estas sentidas palabras que tengo para decirles: yo lo he votado dos veces. Háganse presentes, reyes del malambo y la cumbia tecno, porque esta confesión no es gratuita: sí, soy menemista.”

Silencio sepulcral en la redacción (mitad porque ya varios se habían quedado dormidos).

“Lo voté en su primer mandato”, continuó la Vieja, “y lo voté en el segundo mandato... lo voté en las últimas elecciones y lo volveré a hacer. Sé, oh amados y borregos compañeros, que no está en boga decirlo, sé que todos tiran la piedra y esconden la mano, pero yo doy la cara: ¡vamooooo' Meneeeemmmm! ¡Vamooooooo! Así que quiero una entrevista ya con el señor Presidente de los argentinos. Sí, queridos, porque por más que sea ex Presidente, para mí sigue siendo el Presidente. Oh, oh, oh, por favor, llámenlo al Dinosaurio Bernie para que les dé el fono, y contáctense con el honorable Carlos. He dicho. Ah, una última cosilla: quiero que Martín y Leonardo se hagan cargo de la nota. Después del estricto entrenamiento que tuvieron, es hora que maduren y se hagan a fuerza de golpes. Amén”.

Martín y Leonardo, que votaron a Patricia Walsh en las últimas presidenciales, se miraron y se tocaron el izquierdo varias veces.

“Boludo”, dijo Martín, “esta vieja chota es peor que Jadá, pónganse media pila. Yo tuve que ver a un psicólogo después de presenciar cómo Moria Casán se echaba un cago”.

“Y bueno, boludo”, retrucó Leonardo, “yo no sé, boludo, qué decirte, boludo... de última vamos, boludo, y ya fue... le vamos a poder preguntar cosas grosas, boludo, mirálo desde un lado profesional, boludo”.

Los dos estudiantes de periodismo, luego de varias noches de insomnio, se armaron de valor y lo llamaron al Dino Bernie. Justamente, el Carlos estaba cenando en la casa del veterano periodista, junto a Marianito Bondiola y otros tantos adalides de los '90.

“¿Quién habla? ¿Sos vos, Mauri?”, preguntó Bernie, ya un poco gagá.

“No, somos dos jóvenes periodistas que lo tenemos como maestro, señor”, contestó Martín, entrenados por la Vieja para mentir a todo momento.

“Queremos conseguir una nota con el señor Menem, para reivindicar sus diez años de mandato, denostados hoy por la ola montonera que se adueñó del poder, pero incapaz de tener el amor del pueblo peronista”.

“Ah, sí, miren... el señor Carlos está justamente en mi hogar comiendo unos fideos con dulce de leche. Si quieren les paso ahora mismo y le hacen la nota... coima mediante, claro está. Je je”.

“Ah, bueno, sí, seguramente... esteeee... el cheque ya está en camino. Gracias.”

“Un placer hacer negocios con ustedes. Ya les paso con Carlos”.

En la próxima, la entrevista al ex patilludo.

Marcelo Tinelli (segunda parte)

Nuestros dos inexpertos y temerosos cronistas (Martín y Leonardo) se lanzaron estrepitosamente a la caza de Marcelo Hugo. El pánico en persona.


Luego de la asunción a Jefa de Redacción de La Vieja, y de que dos púberes del periodismo (Martín y Leonardo) fueran enviados a conseguir una entrevista sí o sí con Marcelo Hugo Tinelli, tal como contamos en nuestra anterior y decisiva entre(no)vista... bueno, luego de todo eso, les vamos a contar qué pasó (perdón, pero no sabíamos bien cómo empezar la nota y nos salió así, es que estamos un poco nerviosos por las políticas represivas del Enano Groso).

Obviamente, la entrevista no se concretó porque sino no estaríamos acá chamuyando como locos, y además ustedes estarían leyendo las preguntas y las respuestas del pope de la televisión inteligente. Estaba claro que era una misión suicida enviar a dos inexpertos a conseguir una nota con el capo de Ideas del Sur.

Sin embargo, acorralados, sin ninguna opción, transpirando temor, angustia, nerviosismo, allá fueron nuestros Martín y Leonardo. Se les ocurrió meterse cual chorros de poca monta en el edificio de la productora de Marcelo Hugo, pensando que así podrían secuestrarlo y obligarlo a contestar las preguntas a punta de pistola.

Esto nos deja una moraleja que aquí no queremos ni debemos obviar: cuando la gente está entre la espada y la pared, es capaz de hacer cualquier cosa. Piénselo, reflexionen, y mándenle un mail al Enano Groso para contárselo. La dirección es: latengobiengrande@lauweb.com.

Encapuchados cual piqueteros del MST, los dos inexpertos pichones de periodista treparon las paredes de Ideas del Sur (no nos pregunten cómo) y se metieron al mismísimo baño de Moria Casan.

Allí estaba la diva haciendo fuerza sobre el inodoro, puteando porque la diarrea la tenía a mal traer, cuando estos dos delincuentes cayeron por la claraboya. Imagínense la bizarra situación. Moria haciendo sus necesidades en el toilet, y dos pibes encapuchados que caen del techo.

La diva pensó inmediatamente: “¡secuestro, secuestro!”, y lo gritó de esa manera: “¡secuestro, secuestro!”.

“No, no, señora Moria, siga haciendo fuerza nomás, nosotros sólo venimos a secuestrar a Tinelli”, dijo Leonardo, poniéndose colorado pero no por la vergüenza, sino por el calor que le daba la capucha y por el olor nauseabundo que despedían las heces de la Casán.

Hacemos una breve pausa para aclarar que no es nuestra intención ser “asquerosos” ni “guarangos”. Lo aclaramos antes que nos lleguen miles de mails quejándose. Las cosas ocurrieron como las estamos contando, y no es nuestra culpa si la señora Moria Casan se había clavado una morcilla justo esa noche. Sí, señores y señoras: los famosos también hacen fuerza (segunda moraleja que nos deja la entre(no)vista de hoy).

Continuemos.

A pesar de la aclaración de Leonardo, la diva siguió gritando desesperada, y no tardaron en entrar dos guardaespaldas que, haciéndoles una toma de judo, no tardaron en inmovilizar a nuestros púberes periodistas.

“¡Sáquenlos ya... y traiganme la 'Papparazzi' que todavía no terminé!”, dijo Moria.

Y ahí comenzó la brutal represión y el interrogatorio de los guardaespaldas: “¿Quiénes son?” “¿Para quién trabajan?” “¿Son medio boludos?”, etc.

Martín se largó a llorar, pero ante el menor atisbo de violencia física desenbuchó: “Es culpa del Enano Groso, él nos obligó”.

Los guardaespaldas, o patovas si gustan, se miraron, y uno de ellos sacó su celular. ¿A quién llamó? Obviamente al Enano Groso para confirmar acusaciones y saber qué hacer con los dos buchones.

Temor con todo.

Por suerte, parece que el Enano Groso no estaba (después nos enteramos que se había tomado unas mini vacaciones en Santa Rosa de Calamuchita), y uno de los samurais contestó la llamada.

“Llamen a la Vieja”, fueron sus escuetas palabras orientales.

La locura, la pasión, el dolor, la acción, el frenesí, el terror, la catarsis, la... la... y la... Bueno, y algo más. Todo eso sintieron los pobres Martín y Leonardo en el momento que uno de los guardaespaldas les comunicó la sentencia de la Vieja: por no haber conseguido la entrevista con Marcelo Hugo, tendrían que trabajar gratis para la empresa por, digamos, unos... esteeee... por toda la vida. Y no sólo eso: serían sometidos a un bravo entrenamiento para conseguir entrevistas con famosos y convertirse en los nuevos Rinaldi y Polino de la web.

27.7.07

Marcelo Tinelli (primera parte)

“Les voy a dar una segunda oportunidad, manga de inadaptados, subdesarrollados, delincuentes: vayan a por Marcelo Tinelli”. Sentencia del Enano Groso.


Luego de la fracasada nota con Pablito Ruiz, el Enano Groso, nuestro Jefe máximo, no bajó la guardia y nos volvió a cascotear el rancho. Mandó a uno de sus samurais con una carta que aquí les reproducimos:

“Manga de parásitos inservibles: les escribo la presente para mandarlos bien a la mierda. Me veo obligado casi a humillarme para pedirles que hagan las cosas que deberían hacer solos. ¡Les pago un sueldo, carajo! ¡Ustedes saben cuántos pichones de periodistas tengo haciendo cola para trabajar por 0,50 la hora! Soy un hombre de pocas palabras, porque soy rico, multimillonario, y la vida (en realidad, MI vida) está para ser gozada, no para gastar saliva o tinta en inútiles como ustedes. Sin embargo, aquí me ven, dictándole estas palabras a uno de mis samurais para que se pongan a trabajar de una buena vez. Me fallaron varias veces, pero lo acontecido con el señor Pablo Ruiz fue inadmisible. Ese tal Marco Antonio, a quien ustedes llaman el Guachín, no volverá a pisar esta redacción jamás. Y jamás es nunca. Ahijuna con la lobuna si llego a enterarme que anduvo por estos lados. De todas maneras, y para no volver a cometer estos errores producto de mi bondadosa sapiencia, desde ahora la Jefa de Redacción será la señora rebautizada Amelita Gómez Córdoba Larreta de Groso. Se hará sólo lo que ella diga, ¿capisce? Y ahora quiero una exclusiva con Marcelo Tinelli. Punto. Que Alá se apiade de vosotros”.

La señora Amelita Gómez Córdoba Larreta de Groso no es nada menos que la emérita secretaria que nosotros conocemos con el apelativo de La Vieja. Sí, esa viejecita que ha pasado por tantos percances, que perdió a su marido y se enamoró de Kevin Federline, no sin antes teñirse el pelo de verde y hacerse los pechos (todo esto a los ochenta y pico), ahora es nuestra Jefa de Redacción.

Hacía tiempo que veníamos sospechando de la complicidad de La Vieja con el Enano Groso. Sonrisas picaronas entre ellos, una actitud demasiado poco sindicalista de la ex Secretaria... en fin: un cúmulo de situaciones que nos hicieron vislumbrar esta alianza.

¿Es la Vieja la nueva Graciela Fernández Meijide de la redacción? Temor.

La cuestión es que el mismo día que recibimos la carta, una alfombra roja se deslizó en la entrada de la redacción: era la ex secretaria, que a paso de diva argentina, entró sin saludar a sus antiguos amigos.

“Ahora quiero que alguien vaya hasta Ideas del Sur y haga una nota con Tinelli. Nada de excusas. Si no la consiguen, vamos a tomar medidas drásticas”, dijo una irreconocible Vieja, mientras pitaba un cigarrillo con boquilla.

Dos pibes, Martín y Leonardo, fueron los encargados de semejante tarea. Por la noche, se los vio a ambos rezándole, de rodillas, a la estampita que tenemos de Toti Chumpete en la redacción.

“Oh, señor Chumpete”, decían entre sollozos de fe, “guíanos por el camino del buen periodismo; dinos en este momento tan crucial para Lauweb cómo contactar a San Marcelo; danos tu serenidad, tu profesionalismo, tu sed de verdad; a tí nos encomendamos, señor Toti”.

Esa misma noche, se vio a dos sospechosos encapuchados entrar en la oficinas de Ideas del Sur. ¿Se viene el secuestro a Tinelli? ¿Será este el batacazo que haga tranquilizar al Enano Groso?

Todas estas respuestas, y muchas más, en la próxima edición.