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7.12.07

Soda Stereo (segunda parte)

Una pregunta que nos conmueve y nos hace reflexionar a todos los argentinos: Soda Stereo... ¿tiene aguante? El Guachín, nuestro cronista estrella, tiene la respuesta a semejante interrogante.


En nuestra entre(no)vista pasada, mandamos al Guachín, nuestro cronista cumbianchero, al recital de Soda Stereo a ver si conseguía una nota con Cerati o con Zeta Bossio o con la novia de Zeta Bossio. Se los adelantamos ya: no consiguió un carajo. Pero el fracaso fue doble: tampoco logró asesinar a Cerati. Ni a la novia de Zeta. Ni siquiera puedo agarrar un palillo de Charly Alberti. Pero vayamos paco por paco.

Lo primero que hizo el Guachín fue conseguir a unos cuantos piolas vagos para entrar al recital “de colado”. Muy PRO de su parte. Lo segundo que hizo fue pasar por un maxikiosko para hacerse unos billetes “para el paquito”, según nos contó. Lo tercero fue hacerse de alguna arma blanca “por las dudas”. Lo cuarto fue intentar morfarse un vaciopan. Lo quinto fue fracasar en ese intento de comerse un vaciopan porque sólo servían sushi en el recital. Lo sexto que hicieron fue tomarse un bondi hasta Caseros para comprar birra y superpanchos. Lo séptimo fue volver a tomarse el bondi para volver a River. A todo esto el recital de Soda ya había empezado. Lo octavo que hicieron el Guachín y sus amigos fue “arrebatar un par de celulare' y billete”, según sus exactas palabras. Lo noveno fue meterse a la cancha, en pleno recital, al grito de “el que no salta se la come”, “los Redó, los Redó, la puta que lo parió” y “Cerati es un puto”. Lo décimo que hicieron fue mearle la pierna a una señorita que estaba viendo el recital junto a su novio, un patovica de dos metros de altura. Lo décimo primero que hicieron fue clavarle un cuchillazo al patovica. Lo décimo segundo que hicieron fue salir rajando.

El Guachín volvió a la redacción sorprendido: “Loco, gatu, qué amargo en ese recital loco, y al Cerati careta ese no lo ubico, loco. Gatuuu, no tenían droga, ni se cagaron a cuchillazos, loco, re vigilante, loco... ademá', loco, eso' tipo hacían playba', porque no estaba el tecladito, loco, ni estaba la percusión, loco. Son re atrevidos esos guacho”.

Lamentable.

Soda Stereo

Rescatado de los festejos peronistas por el triunfo de Cris, el Guachín volvió a la redacción para entrevistar a Gustavo Cerati. O a Zeta. O a Charly Alberti O a Leo García, por lo menos.


“Uy, sí, gatuuu… Soda Stereo, sí, me re suena… son los del amor de música pajera, ¿no, loco? Sí, qué bardeá, loco. Si ese tema lo cantaba Néstor en Bloque, gatuuu… re flasheroooo… de música pajera… ¿que es qué? ¿música ligera? Nuuu, qué bardeá, eh, mirá que so’ atrevido… ¿cómo va a ser ligera la cumbia, papá? Ligera son las perras, la cumbia es lenta, es re fumona, jaja, gatuuuu… uuuuh, gatuuuu… dame más paco, papá”.

Así reaccionó nuestro cronista recuperado, ex cumbianchero y ex pastor colombiano, cuando La Vieja le dijo que tenía que conseguir una nota con Soda Stereo.

“Es lo que vende, la boludez que les gusta a los pibes y a los treintañeros que tienen plata y viven en Palermo SOHO”, le había dicho a la Vieja el Enano Groso, nuestro emérito y supremo Jefe.

“Mire, señor Guacho”, señaló la jovata ex secretaria mientras se tomaba un whisky mezclado con nafta súper, “mire, yo le voy a contar cómo es la historia: hace casi dos años que buscamos hacer una entrevista más o menos importante. Empezamos el año pasado queriendo expandirnos hacia el exterior, buscando figuradas internacionales. Fracasamos. Este año leímos un libro de Osho y bajamos el ego. Quisimos, pues, conseguir una nota con alguna estrella nacional. Y estamos fracasando. Usted, señor Guacho, es un excluido de la sociedad. Acéptelo. Lo único que le pedimos es que haga algo por la sociedad antes de ser abatido en un robo a mano armada. Ergo, que genere algún ingreso para el Enano Groso, que anda necesitando cambiarle el tapizado a uno de los diez Mercedes Benz que tiene. Concluyendo: vaya a ver a Soda Stereo a la noche y consiga la entrevista con Cerati. Si no la consigue, aunque sea arme un escándalo para que alguien nos lea. De última, lo asesina a Cerati y se convierte en el nuevo Chapman o algo así. Pero no asesine a otro a Soda, por favor, porque sería un fracaso total”.

Martín y Leonardo, púberes estudiantes haciendo una pasantía en nuestra redacción, se quedaron azorados cuando escucharon las palabras de la Vieja. “¿Viste, boludo?”, dijo Martín (o Leonardo, es lo mismo), “¿viste lo que le dijo la señora Vieja al Guacho? Al final acá aprendemos que todo lo de la facultad es mentira, boludo. Dediquémonos a cirujear y listo, boludo.” “Pero, boludo”, replicó Leonardo (o Martín), “boludo, no puede ser, boludo, o sea, tipo, vos escuchaste lo que dijo, está re mal, va re en contra de la ética periodística o sea… es matar a Cerati, boludo… no sé, se ve que esta Vieja es rolinga, boludo.”

Cuando llegó la noche y se hizo la hora del recital, el Guachín estaba perdido dentro de la Villa “La Esperanza Es Lo Ultimo Que Se Pierde Y Nosotros Ya La Perdimos Hace Rato Así Que Te Vamos A Hacer Mierda Si Entrás” , buscando un poco de poxirán para darse valentía y asesinar a Cerati.

“Loco, este es el sistema, gatu, que me pone entre la espalda y la pared… y te aprieta con la espada, gatu… ah, no, ¿cómo era? Bueno, loco, a mi me gusta De Música Pajera, gatuuuu, tiene una letra que me re identifico, re del barrio, loco”.

El Guachín se daba aliento a sí mismo. Y en el medio del éxtasis post-poxirán se dio cuenta: la única manera de no asesinar a Cerati era haciéndole una entrevista.

“Uuuh, loco, pensé en algo… qué mal”, se sorprendió el ex cumbianchero.

Hasta ahí llegan nuestras noticias sobre el trabajo exclusivo de Marco “Guacho” Antonio acerca del regreso de Soda Stereo. Este fin de semana, nuestro cronista intentará contactarse con la banda. Esperemos, por el bien de Cerati, que lo logre.

De última, fans de Soda, ya saben a quién echarle la culpa: a Dios.

19.9.07

Jesucristo

“Cristo vive en vuestros corazones, hermanos”... entonces, ¿porqué no hacerle una entrevista? ¿Eh? El Guachín, convertido en pastor post-evangelista, encomendó su fe a semejante tarea.


“Ay, me duele el guevo izquierdo”, dijo el Guachín, en la cumbre de su lírica cristiana.

Un pastor colombiano que estaba a su lado sentenció: “Como dijo nuestro Señor Anastacio Amurrea: 'si te pica el izquierdo, rascate con la mano derecha, hermano.' El equilibrio lo es todo, hermano Marco Antonio, también llamado Guachín”.

Allí estaba nuestro ex cronista ex cumbianchero devenido en pastor colombiano luego de conocer la verdad revelada gracias a Alcides.

Hace unos días recibimos una carta suya, donde nos contó las peripecias del mundo religioso: “sí, gatu, el jesú este era un vago groso, yo quería hacerle una entrevista, porque él es la verdá y el camino, loco”.

El Guachín tuvo una revelación (y no por el Paco), y hay que respetarlo. Además, como no tenemos nadie a quien entre(no)vistar, dado que La Vieja y el Enano Groso se fueron de vacaciones al Congo, ¿qué mejor idea, amigos y amigos nuestros y nuestras, que adentrarse en las locuras del Guachín, siempre tan compenetrado en...? Ok, vamos a la historia.

El primer día religioso del ex rey de la cumbia drogona se la pasó leyendo la Biblia. Era una versión en historieta, pero bueno... se la aprendió de memoria.

“Me gusta la parte que lo crucifican al guacho me gusta”, nos dijo en su carta. “Los dibujo son re grosos, parece una de yuarseneger”.

El segundo día, mientras dormitaba en su cama en un templo, tuvo una revelación: tenía que conocer a Cristo, que vive en todos nuestros corazones, como todo el mundo sabe.

Así que el Guachín se sentó en la cama, prendió un faso, aspiró una línea, tomó un ácido, y se sentó a esperar que el Mesías se le apareciera. Estuvo dos minutos en el más absoluto silencio hasta que escucho una voz lejana, sutil, apenas perceptible, que le decía: “Holaaaa”. Groso, ¿no? No.

Después de ese conmovedor “hola”, pasaron otros dos minutos hasta que una extraña presencia lo extasió: era el teletubbie amarillo. Bailando con alegría, saludando, lo miró al Guachín, y el Guachín sintió en lo más profundo de su corazón que estaba ante el Cristo.

Una lágrima acompañó las siguientes palabras del cumbianchero religioso: “eh, pero vo parecés un teletubbie, yo pensé que eran satánicos esos guachos, pero ahora veo que era todo una maniobra, gatu... son los falsos profeta loco, seee, loco, yo te amo Jesú, yo te amo casi más que al paco, loco.”

El teletubbie seguía danzando.

El Guachín se desnudó, y con sus miembros viriles bamboleantes, bailó junto al adorable muñeco amarillo, que a veces tiraba un “hoaaaa” revelador, iluminado, profundo, estúpido...

Entre tanto gozo cristiano, el Guachín dudó. Sí, todo hombre de fe tiene sus dudas. Y preguntó, extasiado: “Oh, mi amado mesías, dime: ¿es la muerte sólo el traspaso de nuestra alma al más allá, al camino del Señor; o es acaso todo lo que hay carne podrida en suelo infértil? Dime, oh Padre”.

“Hoaaaaaaaaa”, respondió el teletubbie-cristo.

Fuerte.

El Guachín ahora anda convencido que tuvo una revelación y quiere escribir su propio evangelio. Lamentable.

Pedimos públicos disculpas a todas las religiones del mundo por los delirios de nuestro cronista. Y confirmamos que los teletubbies son satánicos. y ni hablar de Barney o los Power Rangers.

Alcides (segunda parte)

El Guachín tuvo su entrevista con Alcides, pero terminó fajado por el Grupo Commanche y convertido en pastor colombiano. O algo así. El mundo es, ahora, un lugar mejor.


¡Cómo le gusta el baile! ¿A quién? Al hijo de cuca. Y cuidado, cuidado, cuidado con la bomba, Chita. Ufff, estamos que no podemos más. Hasta Mariano Bondiola está bailando al ritmo de Gladys, la bomba tucumana.

Les pasamos a contar lo acontecido estas semanas, los ponemos al día, los bañamos de la actualidad lisérgica característica de esta sección.

La idea (brillante, por cierto) de la Vieja era hacer una nota que versara sobre las diferencias entre la cumbia clásica y la cumbia villera. Para eso, mandó al Guachín, nuestro cronista estrella (perdón Toti), a una entrevista con Alcides. Sí, el de “no la dejes ir, no la dejes ir, ¿por qué? Te lo digo yo...” Ok, basta.

Ayer justamente llegó a la redacción el cronista cumbianchero y nos contó lo sucedido en su encuentro con Alcides:

“No, vago, yo renuncio mañana, esto me cambió la vida, gatu. Conocerlo al cumbiamba clásico este, al guacho este, me cambió las perssspectiva me cambió. Miren, yo les cuento, guachos, pero que la vieja chota esa no se enoje porque no hay nota. No, loco, recatate, vieja. Yo me iba en mi falcon tuniado pa' la casa del guacho essste escuchando un tema mio que dice: 'ay, ay, ay... vamo' la mano la mano la mano... sos una peteraaaaa, re trola y bananeraaaa... lo' pibe del barrio me batieroooon que te comes el morcipan completo, y que en la noches frías o calientes, vos les hacés flor de peeeteeee...' Bueno, gatuuu, hoy ya me recaté, loco, no quiero escribir más esa puesía de la calle, me quiero recatar, loco, y todo gracia' al Alcides”.

Conmovidos por este relato, los estudiantes de periodismo Leonardo y Martín se pusieron de pie y aplaudiendo dijeron: “señor Guacho, le queremos decir algo, boludo, que este mensaje es para los fachos como Blumberg: siempre la gente, por más bruta que sea, se puede rehabilitar.”

“¿Quiénes son los guachos estos?”, dijo el Guachín.

Martín tomó la posta y aclaró mientras se acomodaba el huevo izquierdo: “somos dos estudiantes que estamos haciendo una pasantía en esta redacción tan... tan... tan... decadente. Pero ahora por favor continúe con su tan interesante relato y sepa de nuestro eterno respeto, boludo”.

“Gracias, loco... Aprendé del guacho essste que acá les habla, aprendé la lecion, aprendan. Bueno, iba con mi falcon tuniado y llegué al chalé de Alcides, yo estaba re drogado, loco, jajajajajaja, qué vaganciaaaa, locuuu, jajajaja... pero esos son tiempos pasados, gatu, ya me recaté... y le dije al Alcides, le dije: 'eh, guacho, ustedes los de la cumbia romántica me pueden mascar el prepucio'... y sí, me fui al re carajo, pero era la re vaganciaaa, locu... y después el Alcides se puso mal, me putió el loco, pero yo me quedé ahí batiéndole cosas, hasta que Alcides se recalentó y llamó a sus amigos de la cumbia clásica, gatu... me dijo: 'ahora vamos a ver si te hacés el vivo', y ahí nomá' llegó Pocho la pantera y llegó también Ricky Maravilla, locu... Como yo estaba re colocadooooo me chupó un guevo y la mitá del otro, y los seguí putiando... Pero loco, después recapacité, loco, porque llamaron al grupo Commanche, gatuuu... no sé, loco, se ve que tomaron alguna pastilla, porque los locos estaba re grosos, gatu, y me fajaron.”

En ese momento, mientras pronunciaba esas palabras con ese lenguaje tan estremecedor, al Guachín, al rey del paco y la cumbia brava, al mismo Marco “Guachín” Antonio, se le cayeron unas lágrimas.

“Sí, locuuu, porque después de cagarme a palo, se acercó Alcides y me dijo: 'escuchame, hijo de Dios, tú tienes una responsabilidad, un objetivo en esta vida: tienes un poder en tus manos, que es tu música, tu lírica. Tú tienes una responsabilidad social. Deja ya de cantarle a la droga, al alcohol, al acto sexual, y encomiéndate a Dios, Hermano.' Eso me dijo Alcides, loco, y listo, ahí nomá me asocié a su iglesia, loco, por eso les comunico que dejo esta redasion y me voy con unos pastores colombianos, me voy a hacer escursion, para desintocicarme, no quiero más cantar cumbia villera, gatuuu, quiero respetar a la mujer, loco, quiero respetar a la Madre Tierra, quiero respetar la propiedad privada, locuuuu, quiero respet... respet... pet... peteeeeeeeeee, petar, peteeeee, peteeeeeeeee, hacéme un peteeeeee, guachaaaaa...”

Entiéndanlo: el Guachín todavía no está totalmente rehabilitado, y le cuesta despegarse de su costumbres cumbiancheras. Por suerte, Martín y Leonardo se le acercaron y trataron de consolarlo: “no, señor Guacho, esa palabra no se dice”.

Podemos decir, como para concluir esta entre(no)vista tan esperanzadora, que la cumbia clásica le ganó la pulseada a la cumbia villera.

¿Se viene San Alcides? Amén.

Alcides (primera parte)

“No lo dejes ir, no lo dejes ir, ¿por qué?, te lo dice el Enano Groso, ¿quién es? Alcides y se va sin decir adiós.” Sí, mandamos al Guachín a entrevistar a uno de los grosos de la cumbia clásica.


Un hecho inusitado se dio el lunes a las tres de la madrugada en la redacción. Con paso de cumbia, hizo su entrada nada menos que el Enano Groso, el Jefe supremo y absoluto no sólo de esta web sino también de todas las galaxias circundantes a la nuestra. Se notaba a varios kilómetros que tenía un pedo como para cinco.

En una esquina, sentados en un rincón dele tipear, estaban los noveles cronistas Martín y Leonardo. Sí, de vuelta luego de una desconocida aventura en La Rioja intentando una entrevista con el Carlos (que seguramente, cuando nada se nos ocurra -y eso pasa seguido- contaremos), allí estaban nuestros estudiantes de periodismo, estupefactos ante la aparición de su patroncito en estado lamentable. “No nos quedan ejemplos a seguir, boludo” susurró Martín a su inseparable compañero.

“Eh, ustedes dos, manga de inútiles”, gritó el Enano tambaleándose y largando un olor a tetra insoportable, “eh, ustedes, ¿hay alguien responsable en este lugar de mierda? ¿Dónde está la vieja chota esa, eh?... ¡Hip! No la dejes ir, no la dejes ir... ¡Hip!”.

“Señor amado nuestro: la señor Vieja está durmiendo en su casa. El único adulto responsable presente en la redacción es el Guachín, que está en el baño haciéndose una manopla”, dijo Leonardo, arrodillado a los pies del Jefe.

“¡Y díganle que venga ya, eh! ¡Hip! ¿Qué tendraaa el petisoo? ¡Hip!”.

Pero no hizo falta que Martin o Leonardo fueran a interrumpir al Guachín en su noble labor onanista, porque justamente en ese momento el cronista cumbianchero irrumpió al grito de: “¡Jajajajaja, gatuuu! ¡El enano trolo se tomó hasta el agua el inodoro se tomó!”.

“Mire, agradezca que estoy sin mis samurais porque acabo de venir de una fiesta, que sino ya le hubiesen cortado la cabeza... además ¡hip!, tengo que pedirle un favorcete”.

“¿Que te rompa el ojete? Jejeje”, preguntó el Guachín.

“¡Pero qué chico más ocurrente!”, ironizó el Enano mientras vomitaba un cacho de pizza, “quiero pedirte de corazón, ¡hip!, de corazón, de acá adentro, que le hagas una entrevista al rey de la cumbia romántica: Alcides”.

“Uh, no, esos putos de la cumbia romántica se la comen doblada, gatuuu...”

“Bueno, mire, ¡hip!, señor Guacho, lleguemos a un acuerdo: primero les hace una entrevista y luego envío unos samuraís para que le peguen flor de paliza a Alcides, ¿le parece?”.

El Guachín asintió, entusiasmado ante la violencia física de la propuesta. Pero luego se produjo una situación de lo más patética, de la cual Martín y Leonardo fueron pasivos y asombrados espectadores: el Enano Groso, es un estado lamentable, se puso a cantar el hitazo de Alcides “Violeta” y a bailar con el Guachín, cuando se resbaló con su propio vómito y se dio la cabeza contra el suelo.

“¡Juaaaaa! ¡Se está desangrando! ¡Qué vagancia, locuuu!”, festejó el rey de la cumbia villera.

Ahí se quedó, o muerto o dormido, el Enano Groso, mientras Martín y Leonardo se preguntaban: “¿Cómo hago ahora para estudiar a Eliseo Verón con el recuerdo de este patético show, boludo?”.

Cuando al otro día la Vieja, nuestra jefa de redacción, se enteró que el Guachín tenía que verse cara a cara con Alcides, pensó: “¡Excelente! La cumbia villera se enfrenta a la cumbia romática... Dos épocas, dos argentinas... Una en pleno idilio menemista, los viajes a Miami, el microondas barato; la otra, en la debacle de la Alianza... Es bueno, me gusta... esperemos que el inútil este del Guachín... ¡Momento! ¿Alcides está vivo? Sí, creo que sí. ¿O no?”

En medio de estos pensamientos estaba la Vieja cuando se resbaló con el ya famoso vómito del Enano, que todavía estaba ahí, inalterable, al igual que el mismo Enano, roncando como un tronco.

“¡Pero carajo-mierda! ¿quién tiene que limpiar esta asquerosidad? ¡Manga de inútiles!”, gritó la Vieja.

“Momentus: me disculpo por mi tardanza, y por los incovenientes causados. Ya mismo agarró un trapo y limpio este desastre llamado vómito, que viene del griego 'vomitum', que significa 'hombre que escupe su alma pa' aguera'”.

Sí, era el mismo Mariano Bondiola, que había sido condenado a limpiar los pisos de la redacción durante unas semanas debido a la fracasada nota y el intento de violación hacia Maru Botana.

30.7.07

Andrés Calamaro

Situación de estupefacientes, rock, fútbol, sala de ensayo... Sí, seguramente los niños que nos leen en vacaciones adivinaron de quién les hablamos: fuimos a por Andrés Calamaro.


Y un día parapetó. Yo parapeto, ellos parapetan, él parapeta, ella parapeta, nosotros parapetamos, vosotros parapetaís. Y sobre todo, el Guachín parapetó.

Luego de estar prófugo de la justicia del Enano Groso, nuestro cronista cumbianchero se apareció la semana pasada en la redacción. Pero la cosa no fue así como así, tan fácil. Hubo todo un trabajo de espionaje por parte de la Vieja, nuestra no tan emérita Jefa de Redacción.

Como nos quedamos sin periodistas disponibles para continuar con esta sección, la búsqueda desesperada del Guachín se intensificó. La Vieja se subió a la terraza, y mirando el cielo pegó el grito: “¡Ahijuna con la lobuna!”, y soltó una paloma mensajera.

“¡Oh, palomilla, ve a buscar a Marco Antonio y tráelo!”, fueron sus sentidas palabras. Y allá fue el bicho, con un mensaje en su patita que decía así: “Señor Guacho pequeño: se le ha decretado un indulto de parte del grandísimo Enano, su jefe sobre el planeta Tierra y alrededores. Por favor, le pedimos que vuelva para entrevistar a Andrés Calamaro. Gracias”.

Con lágrimas en los ojos (y sí, si no es en los ojos dónde carajo van a estar las lágrimas), nuestra ex secretaria pensó en su infancia, en su difunto y castrador esposo, y rezó a los santos del periodismo (Santo Biassatti, entre otros) para que el rey de la cumbia volviera a trabajar para Lauweb.

Y el método dio resultado, porque el Guachín regresó. “Sí, gatuuu”, nos confesó luego, “estaba en los bosques de Palermo con la gomera y bajé una paloma, guacho. Y cuando la agarré pa' hacerla al horno con papa e' batata, gatu, le vi que tenía un papelito en la pata... pensé que era merca pensé, je je, así que lo abrí pero tenía un mensaje pa' mí, re loco gatu... me re emocioné y ahí nomá me asalté un masikiosko para festejar...”.

Sin más preludio, la Vieja agregó: “Bueno, realmente es conmovedor su relato, señor Guachín, y todos queremos lograr la paz y hacer el amor. Pero ahora pónganse a trabajar. Una orden del benemérito y exquisito Enano Groso, jefe de todos nosotros mortales, pidió una entrevista con Andrés Calamaro. Ve a por él, oh hijo mío”.

“Bueno, viejita, pero antes bancáme un toque que me saco los hongos e' las patas”, sentenció el cronista del pueblo cumbianchero.

Y allí fue, en su Falcon, con una cumbia bien al palo de su propia autoría que decía más o menos así: “Cuando te vi, me sentí traspasado por tu miradaaaa / sentí que mi vida para siempre cambiabaaaa / tomá toda mi leche que es descremadaaaa / y después sentáte en mi poronga que está aceitadaaaa”. Espeluznante.

Sabemos que en este momentos, ustedes, caros lectores, estarán emocionados por el regreso del Guachín y sus poéticas cumbias; sabemos que no pueden más y tienen ganas de largarse a llorar... ¡pues lloren! ¡Dejen escapar esos sentimientos! ¡No le pongan una barrera al corazón! ¡Háganlo ahora, porque lo que viene es lamentable!

El Guachín, que no es un hombre muy empapado en el rocanrol, se confundió y fue a entrevistar a Calamaro, sí... pero a Javier, el hermano de Andrés. No sabemos cómo nuestro enviado especial consiguió la dirección y se fue a verlo, convencido que era el autor de “Costumbres Argentinas”.

“Eh, vo, gatu, tengo que hacerte unas preguntas...”, comenzó la nota el Guachín. “La primera es... pará que la tengo re pensada, loco, y la anoté... a ver ga... acá esta: '¿por qué tus viejos te pusieron de nombre Andrés, eh?'”.

En ese momento, Javier se paró, lo miró fijamente al Guachín y mientras sacaba un facón le dijo: “Te voy a matar, drogadicto de porquería”. Sí, sí, sí: se armó flor de quilombo.

El Guachín regresó a la redacción todo tajeado, y sentenció: “eh, gatuuu, el Calamardo ese es un guacho re careta... así no se puede lagurá, loco... a mí me mándenme a entrevistar a 'Néstor en Bloque', gatuuu... el rock es para los careta'”.

Tenemos miedo por una nueva represión del Enano Groso ante nuestro eterno fracaso. Por eso nos tomamos el atrevimiento de hablarle a nuestro Jefe por este medio y decirle: petiso querido, mirá el lado positivo... tiene su mérito fracasar constantemente... no cualquiera lo hace, eh... Pensálo. Y cuidáte. Queréte. Paz en el mundo. Amor. Locura. Arte. Arte. Arte

27.7.07

Pablo Ruiz (segunda parte)

Esto va para usted, Enano Groso, señor jefe emérito de la redacción de Lauweb: tenemos la nota con el talentoso Pablito Ruiz. Bueno, algo así, pero lo que vale es la intención.

La nota al gran Pablito Ruiz:

-Usted empezó en la música desde muy chico, ¿no?

-Sí, la verdad que sí. Todo ese proceso fue muy duro para mí. A los 14 años de edad, en 1989, la popularidad me avasalló, y mi vida entera cambió: yo era un chico común, que vivía con su mamá, que todavía no sabía ni ponerse las medias solo. El reconocimiento me llevó a raíz de varios enormes éxitos, como “Ella me ha besado”, “Me la como bien dulce”, “Linda como un ángel”, “Hawai”, “El choto de Chicho”, y tantos otros hitazos.

-Luego hubo una época en la que desapareció de la escena musical, ¿qué pasó?

-Bueno, me fui al Congo para meditar. Allí descubrí mi lado femenino, y me volví travesti. De todos modos, continué componiendo, escribiendo mucha poesía, y sobre todo militando socialmente. De hecho, en Camboya descubrí el marxismo-leninismo y me leí El Capital en un fin de semana. Volví al Congo para armar una revolución, pero fracasó. Sin decaer en mi ánimo revolucionario, viajé a Cuba para conocer a Fidel Castro, quien me recibió en su despacho. Le conté sobre mis aventuras, mi conciencia social, etc. Luego, sí, regresé a mi amado país, la Argentina, para dedicarme a difundir el mensaje marxista en la sociedad. Creé un partido político, con un mensaje anarquista, por la liberación del trabajador y por demolición del Estado capitalista. Finalmente, al no conseguir ningún patriota que se uniera a mis proyectos, me marché a la selva chaqueña para meditar nuevamente, y me dije, luego de días de concentración cuasi budista: “tengo que volver al negocio de la música porque me estoy cagando de hambre”.

-Y así llegamos hasta hoy, donde usted salió a escena nuevamente.

-Sí, exactamente. Realicé varios recitales en el interior del país, donde recibí el cariño incondicional de la gente, del público que nunca se olvidó de mí. Aquellas palabras que me llevaron a la fama, aquel “Oh mamá, me estoy enamorando”, connotan un costado social que pude comprobar en mis nuevos shows: la “mamá” representa la Madre Tierra y el enamoramiento es hacia el trabajador. Es como decir: oh mamá, ya no puedo estar contigo, necesito vivir en la ciudad, en el cemento, para cambiar el mundo, porque este metejón comunista es innevitable, necesario.

-Eh, gato, pero es verdad que te manducás la berenjena...

Y la nota se fue al carajo. ¡Era la primera nota que lográbamos y el Guachín no pudo con su espíritu cumbianchero! Aunque usted no lo crea, las primera preguntas también fueron formulas por nuestro cronista... pero con una espada samurai en el cuello.

Sí, el mismísimo Enano Groso (nuestro jefe) le envió unos de sus guardaespaldas para asegurarse que hiciera la nota. Pero... por más ninja poronga que sea, también tiene sus necesidades y tuvo que ir al baño urgente. Y ahí, claro, el Guachín se mandó su pregunta, que tenía atragantada desde que se enteró que Pablito Ruiz fue travesti.

La cuestión es que cuando el samurai torturador del Enano volvió del baño. Pablito ya se había marchado, enojadísimo, jurando venganza... y el Guachín también, por miedo a una represalia.

Todavía está prófugo de la justicia del Enano, y por amor a la vida y a todo lo poco sagrado que nos queda en esta redacción le pedimos (si está leyendo esto) que no vuelva si no quiere ser rebanado vivo.

La Vieja, compungida, quiso reparar los daños con Pablito Ruiz, y fue hasta la casa del exitoso cantante pop para regalarle un ramo de rosas y pedirle perdón.

¿Se viene un romance entre La Vieja con pelo verde y pechos operados y un Pablito Ruiz travestido?

Pánico.

22.7.07

Pablo Ruiz (primera parte)

El Enano Groso, nuestro amable Jefe, impuso la mano dura en la redacción: de ahora en más se hace sólo lo que él dice. El primer entrevistado post-represión: Pablito Ruiz.


En nuestra edición anterior, se armó flor de quilombo. Y sí. Vino en el Enano Groso, que ante la rebelión pachorrienta del Guachín, impuso la mano dura con sus samurais carentes de piedad.

Después de la amable sesión de tortura sufrida por el cronista cumbianchero, nuestro Jefe, con lágrimas en los ojos, pronunció las siguientes palabras de amor y paz: “Hijos de una gran perra, se ponen a trabajar ya o uno de mis ninjas les va a meter la espada samurai por el upite hasta sacarles los riñones por la boca, ¿capisce?”.

Y agregó: “de ahora en más, los personajes a entrevistar los elijo YO y se acabó”.

Conmoción general.

“Y el primer entrevistado será Pablito Ruiz. Sí, carajo. Y quiero que este condenado haga el trabajo”, dijo el Enano señalando a un devastado Guachín.

En ese momento, una risita burlona se escuchó entre el equipo de redacción de Lauweb.

El Jefe hirvió en cólera: “¡¡¡¿quién fue?!!!”, vociferó.

Pánico completo.

Desde el fondo, el pequeño Ignacio, estudiante retirado de Paisajismo, alzó la mano: “Fui yo... ¿y qué?”.

“Mirá, pibe”, dijo el Enano, “antes de tirarte por la ventana, quiero saber de qué carajo te reías”.

“Ja ja ja. Me río de Janeiro, petiso malparido. ¿Querés saber por qué, eh? ¿Te molesta la alegría del proletariado? ¡Nos quieren tristes para vencernos, pero no lo lograrán! De todas maneras, chichón de suelo, mi risa era de burla: sos tan estúpido que querés entrevistar a un muerto como Pablito Ruiz”.

El Enano Groso simplemente chasqueó los dedos, y de inmediato media docena de samurais encapuchados y blandiendo sus espadas agarraron al pobre Ignacio, le cortaron un brazo, la mitad de una pierna, se preparon un café con leche y con una de las orejas merendaron, no sin antes tirar el resto por la ventana.

“Y ahora se me ponen a trabajar, manga de turros”.

El Jefe se fue con sus samurais, y el silencio fue inmenso. El temor paralizó a la redacción. La tragedia se había cernido sobre nuestras cabezas. El odio había dicho presente, y la brutal represión expresó lo peor de nuestra sociedad. Viva la UCD.

“Eh, gato, ni en la cumbia hay tanto quilombo”, dijo el Guachín.

“Usted se va ahora mismo a hacerle la entrevista a Pablito Ruiz. No nos meta en más aprietos, señor Marco Antonio”, sentenció la Vieja, con una media sonrisa extraña dibujada en su cara.

“¿Y quién es el guacho ese? ¿Toca cumbia?”, preguntó un dolorido Guachín.

“No”, explicó la Vieja en tono cuasi amable, “es un señor músico y poeta, autor de los siguientes memorables versos: 'oh mamá, me estoy enamorando / oh mamá, ella me ha besado / oh mi mamá'. Así que, por favor, no sea irrespetuoso”.

En la próxima edición de esta loca sección, el Guachín haciéndose cargo de su primera entrevista a pedido del Enano Groso.

Permiso.

Martha Holgado

Fuimos a por él. ¿Por quién? Ah, no se lo vamos a decir... Mitad porque, bueno... nos da un poco de vergüenza decirlo... hoy no tenemos entre(no)vista. Pero sí quilombo.


La idea era entrevistar a Martha Holgado, pero se nos murió. Ésa es la verdad. Por lo tanto, vamos a ceder este segmento a la libre expresión a nuestros dos columnistas principales: La Vieja y el Guachín.

Palabra de la Vieja: “No sé qué corno poner, ¡madonna! No me pagan nada, eso para empezar. Pero no me puedo quejar: conocí al amor de mi vida, me hice los pechos, me teñí de verde... Aprovecho este segmento para promover mi poesía. Sí, yo saqué dos libros con poemas...

Lamentablemente (o no), mientras tipeaba esas palabras la Vieja sufrió un percance. Sí, el Guachín le rompió la cabeza con un jarrón.

“No soporto a la anciana chota essssta”, fueron sus palabras. “Si quieren arte, mamen de essssta”, continuó.

Cedemos, entonces, su segmento al cumbianchero violento: “Eeeeeeeh, locooooo, nadie quiere laburá acá... esto se va al carajo, gato... recatate, Enano Groso. Sí, te hablo a vo', ya sé que sos el más capito... “Mas capito”, ¿entendieron? Que se la masca, loco, se masca el pitoooo. Sí, no te tengo miedo, mandáme los samuraís y todo eso, que me la banco solo, topuuuu. Acá quiero birra para todos los muchacho', sino no escribo más, gato.”

En ese momento, inauditamente, entró por la puerta... bah, en realidad primero entraron los samurais por la ventana... y después sí, vino El, el Jefe, el Hombre, el Perro que nos Parió: el Enano Groso.

El Guachín salió disparado, demostrando su valentía. Pero claro: no pudo escapar al entrenamiento y a la perspicacia de los ninjas del Enano, que rápidamente lo inmovilizaron.

El Enano, una personaje de poco hablar, lo miró fijo al Guachín y pronunció las dos palabras fatídicas: “Estás despedido”.

Temor.

Para colmo, la Vieja irrumpió a los gritos: “Sí, rájenlo al atorrante ese, que osó coartar mi poesía y me pegó un jarronazo. Y si pueden fájenlo bien fajado”.

Acto siguiente comenzó la tortura (por lo cual comenzamos a pensar que La Vieja puede ser una infiltrada del Enano Groso). Los samurais agarraron al atemorizado Guachín, y lo llevaron a un cuarto oscuro.

Temor al cuadrado.

“No, gatuuu, te pido perdón, dale, recatate, señor Enano... pasa que me tomé una Cafia y me pegó mal... por favor... no me tortureeeee, nooooooooo”.

Los ruegos fueron inútiles. En el cuarto empezó a sonar un tema de Pocho laPantera a más no poder. Lo que sufrió ese muchacho...

En el próximo capítulo: ¿zafará el Guachín? ¿No lo veremos más? ¿Se viene la Mano Dura del Enano Groso? ¿Es la Vieja una infiltrada?

(No, no estamos mal... bueno, un poco).

21.7.07

Mauricio Macri

Eh, loco, recatate, gato... Nos sale el “Guachín” de adentro. Es que, la verdad, nuestro cronista cumbianchero se re pasó al (no) contactar a Mauri.


Y... y... y... y...

“Vamo' la cumbia, la cumbia, la cumbia'... que somo' lo negruuuuuuu, somo' el pueblooooo, y lo vamo' a votá a Macriiiiii, porque Mauri es del paloooo”.

Para que vean que el Guachín y toda la cumbia no es un escape al capitalismo opresivo, y que también en ella se tratan temas políticos, comprometidos, va ese fragmento de una reciente composición de nuestro cronista, que continúa exactamente de la siguiente manera:

“A Telerman, a esa gatuuuuu, no le entiendo nadaaaa, y el Filmus es un guachuuuu con menos onda que un rulooooo... Y vamo', vamo' la cumbiamba de todos los negros que dice y que dice yyyy... Aguante Mauri, que es del pueblo, que es peronista... y vamooo al estribuuu... ¡Aguante Larreta, y su esposa re cheta!... Aguante Larreta, te rompo la cajeta...”

Y bueno, en esa parte de la letra le pegó mal la cafia y desbarrancó para cualquier lado. Aunque parezca increíble nuestro cronista, nuestro dios de la cumbia villera, Marco “Guachín” Antonio, votará a Mauricio Macri, el líder del PRO.

Y no sólo eso: el tipo es fanático del bigotito rubio. Por eso, le dijimos: “andá a entrevistarlo entonces, si tanto lo bancás”. ¿Choque de culturas? Estuvimos por venderle la nota a la Revista 24, justamente con ese título. Imagínense: "rey de la cumbia conoce empresario facho". Fuerte.

Igual, el Guachín iba en plan de fanático, por más increíble que sea. Bah, tan increíble no es: el tipo es hincha de Boca y piensa que el Mauri hizo una buena gestión.

“Ganamo' un montón de campeonato, ganamo'”, suele ser su excusa.

Y allá fue, en su falcon con la cumbia al palo, pensando que Mauri iba a estar en la puerta de la Bombonera esperándolo. No fue así, claro. Primera decepción.

El Falcón se le descompuso a las tres cuadras. Le pidió a Mauri que si realmente existía, se lo reparara de alguna manera. No ocurrió. Segunda decepción.

Se tomó el subte. En el camino vio un cartel de publicidad de Mauri con el signo de dólar pintado en los ojos. Reflexionó: “¿a Macri solamente le interesa la plata?”. Opa. Tercera decepción.

Bajó en la estación Palermo y caminó hasta la Rural. Empezó a la gritos: “¡Mauri! ¡Mauri! ¡Aguante Boca! ¡Dónde estás!”. Nada. Hizo tal escándalo que, claro, vinieron dos policías y se lo llevaron en cana. Nadie pagó la fianza. Nadie. Cuarta decepción.

Estuve en esa celda por dos días. Ahí lo agarró la barrabrava de Telerman y lo fajaron. La ausencia de Mauri fue dolorosa. Quinta y última decepción.

Ayer regresó a la redacción, con las manos vacías, varios golpes en la cara, medio rengueando, y sin el Falcon. Estas fueron sus sentidas palabras: “que ese Macri se vaya a la concha e' la lora, loco. Yo lo voto a Cherasny y listo, gatuu. Cuando lo necesité no estuvo, cuando quise comprar faso para calmar el dolor ningún dealer estuvo cerca... Eso no es pro, loco. Mauri, recatate. Eh.”

Temor.

Ricardo Iorio (segunda parte)

Continúan las aventuras del Guachín frente al rancho de Ricardo Iorio, donde se producirá un fantasmagórico encuentro que nos dejará hablando a todos los argentinos por semanas.


Y ahí fue el Guachín, nuestro cronista cumbianchero, en su Ford Falcón, con la cumbia al palo, rumbo a la casa de Ricardo Iorio. ¿Una actitud suicida? Podríamos decir que sí.

“Vamo’ lo pibe, vamo’ la palma de todo lo’ negro’, lo’ negro’, lo’ negro’, arriba-arriba-arriba, la cumbia de la buena, y vamo’ con todo, vamo’”, así iba cantando el Guachín, con su voz melodiosa, acompañado por una romántica birra del amor, hasta llegar a la casa de Iorio.

Ahí estaba, frente al racho del músico, tocándole la bocina al grito de “Eh, gato, vo’ que te hacé’ el metalero, vení a agarrarme la toronja que me cuelga entre las dos patas”. Fuerte.

Claro, nuestro cronista amante de la cumbia y las yerbas, acostumbrado al fracaso rotundo y perpetuo, nunca supuso que en ese momento se iba a abrir la puerta del rancho y el que se iba a asomar no sería Ricardo Iorio, sino algo todavía mucho peor. ¿Qué cosa? ¿Quieren saber qué?

Bueno, en la próxima edición de la entre(no)vista lo sabrán…

...

No, mentira, mentirita, eeeeeeeh. ¿Se la creyeron? Tontitos. Picarones. No dejen nunca de creer en los milagros, porque el sol siempre está aunque no lo veamos. Perdonen el ingenioso chascarrillo, pero le queríamos dar un poco de suspenso a la cosa. Entiéndannos.

Claro, porque si el Guachín está bardeando al mismísimo Ricardo Iorio en su rancho, y la puerta se abre, y no es Iorio… ¿quién es? ¿Quién? Lo que podemos decirles por ahora es que nuestro cronista arrugó.

Él, que ha pergeñado atracos sangrientos a maxikioskos, que ha compartido prisión con temibles delincuentes (como Piñón Fijo), en ese momento tuvo miedo. No es joda.

Porque quien salió del mismísimo rancho fue nada más ni nada menos que… ¿Pappo? ¿Nos creen? Bueno, créannos o no, así fue… por lo menos según el relato del Guachín (que estaba medio empastillado, hay que decirlo).

Sí, nos dan ganas de llorar y de suicidarnos hoy a la tarde… porque queríamos una entrevista con Iorio y conseguimos un relato fantasmagórico sobre Norberto Napolitano.

Según el relato del Guachín, las palabras de Pappo fueron las siguientes: “Eh, pibe, bajá el volumen de esa mierda”.

De lo cual podemos deducir que:

a) A Pappo no le gusta la cumbia.

b) Finalmente la cumbia y el verdadero rocanrol poco tienen que ver.

c) Ricardo Iorio y Pappo no tienen nada que ver, pero nuestro Guachín ve al rock como un bloque y todo le da lo mismo.

d) El Guachín está pensando seriamente en dedicarse al blues. Pero cuando le dijimos que para eso hay que saber tocar en serio, desistió de la idea.

No se pierdan nuestro próxima entre(no)vista, donde seguramente tendremos el testimonio de los principales candidatos a Jefe de Gobierno por Capital Federal. Temor.

Ricardo Iorio (primera parte)

“La cumbia es una mierda”, dicen los rockeros. Pero nosotros estamos dispuestos a demostrar que el metal y la cumbiancha son hermanos siameses. Y fuimos a por Ricardo Iorio.


¿Nos metemos en el mundo del rocanrol? Dale, metámosnos. Sí, pebete/a, adentrémonos, sucumbamos, estallémonos dentro del mundo loco, del mundo de la farsa rocanrolera.

Tachas, crestas, pins, drogas, Termindor, espinaca, cerebros vacíos, en fin… ¿qué mejor que mandar a nuestro cumbianchero, a nuestro cronista estrellado, el gran Guachín, para conocer nada menos que a la cumbre del metal y el fascismo del rocanrol argento? ¿Quién? ¿Cómo “quién”? Ricardo Iorio. Nuestro amigo personal Ricardo Iorio (más vale tratarlo bien, a ver si nos viene a buscar).

Ricky es un adalid del metal, un tipo que odia a los judíos, es verdad, pero que con sangre y sudor ha construido la historia del rocanrol argentino. Nacional. ¡Viva Perón! ¡Viva el gaucho! ¡Viva la pepa!

Bueno, le dijimos al Guachín: “Ve, oh amigo nuestro, oh gran puñetero del periodismo, oh, oh, oh, ve y entrevista al gran Richard Iorio, en homenaje a los 40 años del rock nacional”.

“¿Qué decí’, gato?”, fue la respuesta de Marco Antonio. “Habláme en castellano a mí habláme”.

En ese momento irrumpió en la redacción el gran Toti Chumpete, vestido de Robin y buscando su Batman, al grito de: “Ea, ea, ea, ea… Yo soy el Toti Chumpete (yo soy el Toti Chumpete)… quiero volver a mi sección (quiero volver a mi sección)… así que no me rompan más… que no soy un boludón… ea ea ea ea ea”.

“Jua, jua, gato… pero si sos más boludo que los pajarito' vo’”, palabras del Guachín.

“Mire, señor Guachín”, exclamó Chumpete, “usted tiene una misión en esta vida, usted tiene que reformarse y reintegrarse en la sociedad. Sí, basta de robos, drogas, alcohol y cumbia estridente. Su misión es ser periodista, no le escape más al destino. Conviértase. Lauweb lo ama.”

Conmovido, el Guachín dijo entre llantos: “Es verdá’, gato, es verdá’. Me voy a ver al guacho ese de Ricardo Osho. Sí, loco, voy a dejar la droga... la voy a dejar bien guardada por si me arrepiento.”

Emocionante. Realmente. Muy fuerte.

Tan emocionante que no nos podemos recuperar del golpe.

El Guachín ya partió hacia la casa de Ricardo Iorio, y estamos aguardando los resultados.

La cumbia y el metal se saludan, sí señores.

17.7.07

Paolo el rockero (segunda parte)

Pasen más tinto, que siguen las aventuras del Guachín, Toti Chumpete y Paolo el rockero en una cárcel roñosa. Advertencia: esto puede derivar en cualquier cosa.


“Señor Paolo, reaccione, reaccione, no nos meta en más problemas”. Sufridas palabras del pobre Toti Chumpete.

Pero hagamos una pausa.

La semana pasada les contamos cómo nuestro cronista histórico Toti Chumpete terminó en la cárcel por… OK, no se entiende nada, explicaremos resumidamente para la gente normal qué es lo que está pasando acá. Ahí vamos: esta sección empezó hace más de un año con la intención de lograr entrevistas con grandes estrellas del mundo político, del espectáculo, del deporte o de donde sea, pero fallamos siempre, siempre, siempre, y este año decidimos abocarnos a las estrellas nacionales pero tampoco venimos muy bien; uno de nuestros cronistas más antiguos es el gran Toti Chumpete, que fue creciendo y este año tuvo su propia sección pero ahora nos está haciendo un favor y volvió a nuestra sección, pero cuando nos dejó tuvimos que contratar a otro cronista, hicimos un casting y nos quedamos con el único que se presentó: el Guachín, un cumbianchero que siempre termina preso, eso sumado a toda nuestra ya anterior caterva de periodistas, incluyendo por supuesto a nuestra octogenaria secretaria devenida periodista luego de lastrase al ex de Britney Spears y teñirse el pelo de verde, pero lo que pasó ahora, hace unas semanas, es que quisimos infiltrar en un grupo de izquierda a Chumpete y terminó en cana, justo en la misma celda que el nuevo cronista (el Guachín) y se encontraron, ellos que no se conocían, pero ahí también estaba Paolo el rockero que terminó en la naca porque se equivocaron y lo llevaron allí en vez de al manicomio, entonces se encontraron los tres, se dio un diálogo de lo más delirante, y el hippie decadente terminó desmayado. De allí las palabras de Chumpete con que empezamos esta nota: “Señor Paolo, reaccione, reaccione, no nos meta en más problemas”.

Ahora continuamos con nuestra loca historia. Desesperado porque el Paolo estaba tirado e inconsciente, Toti entró en pánico, pero inmediatamente el Guachín solucionó el problema.

De una manera poco civilizada, pero lo solucionó: se sacó el cinturón, se lo enroscó en la mano y le dio un par de cinturazos al Toti. Se calmó enseguida. Después se agachó y le dio dos piñas al Paolo. También reaccionó.

He aquí sus primeras palabras: “Uuuuh, persona, paremos con la violencia, loco… Paz, personas, aaaaarrrgh… Paz, paz, paz. Tuve un sueño re volador recién, venía una gaviota loco y me lavaba el pelo, loco… Era una pesadilla, soñé con agua, loco… Uuuuuuuuh”.

“Calláte la boca, hippie sucio, que te pego un cinturonazo”, fueron las palabras de un sacado Guachín, que de la admiración hacia el Paolo pasó al odio sin escalas.

“Ahora se me ponen los dos contra la pared y se quedan quietitos ahí, eh, que ahora viene la policía”, dijo un irreconocible Guachín.

“Pero, uuuuuuuh, loco, vo’ sos cana, loco, pintó el bajón, uuuuh”, dijo Paolo.

“Sí, gato, soy cana por un momento porque me tiraron un arreglo, soy un infiltrado, loco, sí, ¿y qué?”, dijo el Guachín.

“Usted, señor Marco Antonio”, dijo Toti, “como se dice en el barrio: se vendió a la Federal. Sos un botón, sos un botón, oh, oh, oh”.

“Calláte que te quemo acá mismo, Toti Hacemeunpete”, amenazó el cumbianchero.

“Yo estoy infiltrado para poder zafar de la cana, porque estoy podrido de esta roña, gato, re podrido, por eso me comprometí con lo’ rati a seguir a este Paolo trucho, que es un narco que se hace pasar por el famoso hippie, gato”.

“Noooooo, loco, persona, estás chamuyando cualquier banana… uuuuh”, arremetió el ahora supuesto Paolo.

Bueno, acusación va, acusación viene, terminaron a las piñas y tuvo que intervenir la gendarmería, y se supo finalmente que era verdad lo que decía el Guachín.

Nuestro cumbianchero cronista había sido sometido a presión por parte de la policía: le dijeron que iba a salir en libertad si les hacía de soplón. Estaban persiguiendo a un narco que estaba disfrazado de Paolo el rockero para despistar.

Y efectivamente, se trataba de Marcos López, famoso colombiano con un notable parecido físico al hippie.

Por suerte, todo terminó bien: nuestro Guachín quedó libre, pagamos la fianza de Chumpete y Paolo el rockero (el verdadero) debe estar colocado en su casa.

Y la entrevista… ¿qué entrevista?

15.7.07

Paolo el rockero (primera parte)

En este capítulo de la sección más lisérgica la web, el Guachín se conoce con Toti en la cárcel y un inesperado y querido personaje hace aparición: Paolo el rockero (y sus gaviotas).


Es un misterio. Si estirás el brazo hasta que la punta de tus dedos toquen la pared, luego lo doblás y de nuevo intentás tocar la pared, vas a ver que no podés. No hay caso. No hay explicación científica posible. No hay vuelta.

Esto era más o menos lo que estaba pensando Toti Chumpete durante su estadía en la Comisaría de la Boca, donde fue a parar luego de intentar infiltrarse en un grupo de izquierda.

Mientras su mente desvariaba por los misterios más profundos del Universo, oyó un sonido familiar, una voz popular y una poesía profunda e inescrutable. Sí, era el Guachín. Se miraron en un eterno instante. Dos potencias que se juntan, cuatro ojos que se juntan, una pestañas inmutables, un mate, un café, varios silencios, disparos, corridas, baile, pan árabe, una gaviota… ¿Una gaviota? ¿Una gaviota en una cárcel? No, no, no.

Fue la palabra “gaviota” la que resonó en el pabellón. Y la voz, oh Dios santo, Santo Biasatti, la voz no era ni de Toti, nuestro comprometido periodista, ni del Guachín, nuestro gran cronista cumbianchero. No, la voz provenía de otro lado, la voz que pronunció esa palabra (“gaviota”) llegó del fondo del abismo hippie.

Empastillado hasta los dientes con Cafia Plus, un groso hizo su aparición: el Paolo. ¿Cómo “qué Paolo”? ¡Paolo, el rockero! Ese monumento al humor lisérgico.

“Uuuuh, loco, mirá esa gaviota", masculló entre ataques epilépticos.

El Guachín y Toti se miraron, asombrados ante tanta locura acumulada, incrédulos al estar frente a un groso como Paolo.

“Agggherrrr, agggggh, aaaaaaaggggh, loco, tendría que estar en el manicomio yo, murciélago aladoooo… aaaaagggg, persona”.

Por una confusión en el traslado, el Paolo terminó en la cárcel en vez de ir derecho al manicomio.

El experimentado Toti Chumpete lo miró a los ojos, y con voz poco firme lo encaró: “Señor Paolo, también llamado ‘el rockero’, nosotros somos nobles periodistas de un medio independiente, comprometido, popular, anárquico-conservador, y en una ocasión que todos recordamos con especial beneplácito le hicimos una entre(sí)vista a usted, mi estimado señor”.

“Uuuuuh, locoooo, pasame esa manzana voladora”, fue la cabal respuesta del hippie trastornado.

“Escúcheme, señor”, repuso un calmado Toti, “somos del medio llamado Lauweb”.

“Agggggh, siiiiiiiiiiii persona, me acuerdo, aaaggh, me acuerdo de la nota re hamacadora. Uuuuuuuuuuuuuuuuuh”.

Ante la indescriptible situación bizarra que nos presenta un encuentro entre el Guachín, Toti Chumpete y Paolo Rockero, no tenemos más que transcribir el alocado diálogo que tuvo lugar. Adiós, nos retiramos (no se asusten, estamos bien).

Guachín: “eeeeeeh, gato, yo te vi en Esterminator 4, loco, fuistessss mi modelo en la juventú, Paolo. Me estoy re emocionando, chabón”.

Paolo: “uuuuh, loco, me siento re volador acá, personaaaaas”

Toti: “por favor, que vuelva la cordura si no queremos que la policía nos reprima en este mismo momento”.

Guachín: “Pero calláte, Toti Mehacéunpete… votemos que para que el Paolo haga un monólogo pa’ todos los muchachos acá”.

Paolo: “OK, si el pueblo radical lo pide, loco… aaaaaaghh, persona, ayer me comí una pizza voladora, con mucho aceite biológicamente testeado, agggggghhh… Persona, paz y amor en las pizzerías, loco, paz para poder tomar la birra sin agua de océano… Uuuuuuh, no sabés cómo pega el agua de océano… Está de diez, loco… Me siento como superman en el trencito de la alegría, persona. Estoy re mal, boló, estoy como un enano atado a la correa, uuuuuuuh…Todo re bactereólogico, men, uuuuuuuh… Todo este pabellón está muy apocalíptico, loco, arggggg… Mariposa alada, mariposa alada, al hada madrina, persona. Chau, loco, esto es un mambo total, loco, todos ladrones buena onda, con pancho y coca, loco, uuuuuh… Mirá lo que es este fraseo de batería, loco, mirá… catapún-pun-pun-patapún… Uuuuuuuh, persona, uuuh aaaagggh, ¡qué copado! Conmoción cebreal, loco, uuuuuh… Se me palma la cabeza del pescado, uuuuuh… Esto mata, persona… mató mil, mató mil, me tildo, me tildo… uuuuh, chau, loco, se me va la gaviota, chauuuuuu, uuuuuuuh…”

En ese momento Paolo vio el borde del precipicio y se desmayó…

Tierra Santa

Nosotros no descansamos ni siquiera en Pascuas, y mandamos a LaVieja y al Guachín nada menos que a Tierra Santa. No, a Israel no: al parque temático, en la Costanera Norte.


Por el chivo, estamos esperando entradas gratis o algo así. Se lo decimos a la gente del parque temático Tierra Santa. Y si no… ¡les quemamos todo, carajo! ¡Vamos a convertir ese lugar en el Infierno! ¡Jua, jua, jua! Perdón por el exabrupto. Continuemos. O mejor dicho, empecemos.

En la calle no hay nadie, ni los perros andan; en el Subte sólo viajan los borrachos; el 60 ni siquiera larga humo negro; los negocios están cerrados, incluso los maxikioskos y los supermercados coreanos. Y todo por qué: porque se murió Jesús y resucitó. Una pavada.

Sin embargo, en este día desolado, acá estamos nosotros, como soldados incansables del periodismo-verdad, siempre listos como un Boy Scout, cansados pero jamás rendidos.

Sí, acá estamos, por amor a nuestra profesión… y porque el Enano Groso (nuestro jefe) y sus samuráis (la fuerza armada de la represión) nos obligan. Principalmente porque nos obligan, sino estaríamos ahora tirados en la cama, con la babita cayendo sobre la almohada y la panza al aire.

Pero no. Acá estamos. La realidad no descansa. Y ya que estamos en Semana Santa, decidimos enviar a nuestros dos cronistas estrellas a conocer el lugar donde nació todo, aquel lugar donde Nuestro Señor fue crucificado y luego resucitó.

Sí, mandamos a La Vieja (nuestra nonagenaria secretaria gruñona) y al Guachín (flamante cronista cumbianchero) a Tierra Santa. Aaaaaaaa, uuuuuuuuuuh, aaaaaaaaaaaaah (sí, eso es música sacra).

A La Vieja se le escapó un lagrimón cuando le comunicamos su nueva misión periodística. Ella recordó que su fallecido esposo era devoto creyente del Gauchito Gil, y que siempre quiso conocer Israel... Pero lo más lejos que había llegado era a tomarse un bondi hasta la calle Estado de Israel.

Envuelta en emoción, nuestra emérita secretaria… bueno, no tardó en cambiar su sensibilidad religiosa en extrema furia infernal cuando le confesamos que, en realidad, iba a ir hasta la Costanera Norte nomás, a conocer el Parque Temático “Tierra Santa”. Y que, para colmo, la iba a acompañar el Guachín. Temor.

En un esfuerzo inconmensurable de producción, le pagamos un taxi. Salió quince pesos. Un dineral. A todo esto, el Guachín estaba contentísimo, saltaba en una pata, mientras decía: “eh, loco, pintó la alegría… es un parque de diversiones, gatuuuuu… al fin algo groso, loco… sí, loco… venden birra, ¿no?”.

Lean bien: “estaba” contentísimo. Claro, porque cuando llegó y se encontró con que el Parque Temático era religioso y no había ni montaña rusa ni nada, sólo un tipo crucificado, bueno… también se enfureció.

Y con todo el odio del Demonio dentro de sí, comenzó a destrozar el mismísimo Monte Sinaí. “Que venga el guacho ese de Moisé’, que le parto la jeta”, gritaba desencajado.

(N. del E.: Aclaramos que las opiniones de nuestros cronista no responden necesariamente a la línea editorial de Lauweb; no empiecen a acusarnos de antisemitas ni nada por el estilo; en todo caso, el ignorante es el Guachín).

Luego de romperle un botellazo en la cabeza al tipo que hacía de Cristo en la Crucifixión, nuestro cronista cumbianchero terminó preso. Como siempre.

Por suerte, La Vieja guardó compostura y se dedicó a visitar todo el Parque, mientras meditaba sobre el futuro de la Humanidad.

He aquí su breve y contundente informe: “Dios ha muerto. ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los asesinos? Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos. ¿Quién nos lavará esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué ritos expiatorios, qué juegos sagrados tendremos que inventar? ¿No es la grandeza de este acto demasiado grande para nosotros? ¿No tendremos que volvernos nosotros mismos dioses para parecer dignos de ella?”.

Nos sonaba a algo este fragmento, pero no pudimos recordar bien a qué. Quizás a un tema de Pancho y la Sonora Colorada.

Y así terminamos nuestra nota de la fecha, con un consejo muy profundo: no coman carne. Y menos todavía vino con sandía.

Susana Giménez (segunda parte)

Seguimos con las aventuras del Guachín y su banda de cumbiamba por las callecitas de Miami, buscando a la diva de la televisión… y también al sexo, la droga y… la droga.


Recordemos lo ocurrido en el episodio anterior de nuestra entre(no)vista… No, mejor lean la nota ustedes solos. ¡Qué tanto!

La cuestión es que el Guachín, nuestro flamante cronista estrella, se fue con su banda de cumbia hacia Miami, para entrevistar a Susana Giménez. Pero, claro, no sabíamos que la diva estaba en Barrio Parque, tomándose un té con leche y mojando la pizza fría.

Pero bueno… el Guachín ya estaba en Miami, y la verdad que se le complicó… no, la entrevista no: se le complicó subsistir. Porque se gastó todos los ahorros y hasta tuvo que vender su órgano cumbianchero para pagarse el pasaje.

Cuando llegó con su banda al país del Norte, se dieron cuenta que no tenían nada para comer ni nada para fumar. Puestos en semejante aprieto, tuvieron que salir a tocar por los bares.

Al principio, fue un fracaso: todos los echaban a escobazos sin siquiera escucharlos, y si los escuchaban directamente los rajaban a escopetazos. “Loco, Miyami no está preparado pa’ nuestro arte, gatooo”, decía el Guachín tratando de consolar a sus compañeros, sedientos de éxito… bah, sedientos de birra y hambrientos de superpancho.

Hasta que una mañana, que seguramente quedará en la historia, Marco “Guachín” Antonio tuvo su momento de inspiración, y sentado en la calle, pidiendo una monedita, le compuso una canción a esa ciudad tan lejana y extraña que es Miami.

Fue un momento luminoso, pleno de poesía, que derivó en un clásico instantáneo, una viñeta social y amorosa sobre el destierro. La letra dice así (obviamente, es una cumbia):

“Ciudad lejana / oh, sitio cálido y frío a la vez / pido a tu sol que me dé cobijo / a mí y a todos mis hijos // Sendero que me lleva al mañana / que me envuelve y compromete / oh, amor, ¡hacéme un pete! / quiero robar una masikiosko / ¡pero acá no hay masikioskooooo! / oh, temor, oh, gato / vení que parto / te parto al diome / y cuando veo a los yanquis no me conmuevo / todos me chupan un huevooooo”.

Francamente conmovedor.

Fue esta canción la que llevó al Guachín y sus guachines a la fama. Sí, así como lo leen. Ese mismo día de la composición, a la noche lograron meterse a la fuerza en un boliche de mala muerte, y el éxito fue instantáneo.

Al otro día, el dueño del lugar le declaró a la prensa de Miami: “nunca había escuchado algo así… tan desastroso. Pero a la gente le gustó, y a mí me conviene”.

El éxito fue enorme, masivo… por dos días. Después los rajaron de EE.UU. porque los pescaron con droga encima. Claro, lo primero que hicieron con unos pesos encima fue comprarse una buena dosis de revitalizantes. Y cuando decimos revitalizantes queremos decir drogas. Todo tipo de drogas.

Y así volvieron deportados a la Argentina. Quisieron imponer el tema dedicado a Miami en nuestro país, pero no resultó: era demasiada poesía para una cumbia villera.

Susana Giménez (primera parte)

La Capos de Lauweb nos metieron presión para que empecemos a laburar. Por eso, el Guachín se fue a Miami para encontrarse con Su. Pero la diva estaba en Barrio Parque tomando mate.


Postal de Susana Giménez conseguida por nuestro cronista de lujo Marco “Guachín” Antonio: la diva estaba en su mansión de Barrio Parque, sentada en una reposera, en sandalias, tomando adelga-mate, mientras se depilaba los chivos. Una imagen poco edificante, por cierto.

Tenemos esa foto, pero no la vamos a publicar acá porque sería de mal gusto… Bah, en realidad, nos ofrecieron plata de la revista Pente, Grasas, Paparrucha, pero… bueno, ocurrió una desgracia.

He aquí, en esta habitual y lisérgica columna, la historia de la foto exclusiva que nuestro cronista cumbianchero le sacó a la diva de los teléfonos.

La cosa fue así: era una tarde lluviosa y estábamos todos los integrantes del numeroso staff de Lauweb sentados, morfándonos una napolitana, mientras discutíamos si Toti Chumpete era gay, cuando de repente entran los Capos: vestidos de impecable negro, con sus sables samurais, al grito de “¡laburen, manga de turros!”.

Ojo, cuando decimos “capos” decimos “capos”, pero “capos-capos”… Les damos un ejemplo: ¿vieron Rinaldi, el columnista de Rial? Bueno, más groso. Sí, increíble.

Imagínense nuestro julepe: ¡nunca antes habíamos visto a los dueños de Lauweb! Guachiguau. Sí, lo sabemos, es muy groso, pero en ese momento, mientras teníamos nuestras gargantas contra el filo de las espadas, no nos gustó para nada.

Entre todos estos matones asiáticos se abrió paso un enano con sombrero y traje gris, que luego de media hora de silencio absoluto en la sala, dijo: “me he enterado, queridos empleados, que tengo acciones en esta página web. No entiendo cómo pasó, fue sin duda un error, pero aquí estamos. Y lo que es peor: soy el accionista mayoritario. Así que de ahora en más le voy a sacar tajada a esto. Con todo esto quiero decir una sola cosa… ¡LABUREN!”.

El enano pegó media vuelta, se fue, y con él todos los espadachines asesinos. Nos miramos con La Vieja, con el Guachín (que estaba pálido), con nuestro jefe editor, y hasta Toti Chumpete nos llamó por teléfono para solidarizarse. Estuvimos shockeados por unos días, recordando al enano… perdón, al Señor Enano, nuestro Jefe… quizás la persona más importante en la historia de la Humanidad.

Luego dijimos a coro, con un dejo de tristeza: “se acabó la joda… hay que empezar a laburar”.

“Eeeeeh, loco, lagurá, no… yo vine acá para conocer famoso’, no para lagurá”, senteció el Guachín.

“Aaaah, ¿querés conocer celebridades?”, dijo nuestro editor mientras se escupía una ceja e intentaba sacarse una basurita del ojo al mismo tiempo, “entonces te vamos a mandar a Miami a conseguir una exclusiva con Susana”.

“¿Qué Susana? ¿Toca cumbia la guacha esa?”, preguntó el Guachín mientras ensayaba unos pasos de murga y afinaba su teclado cumbianchero.

“No, es Susana Gimenez, la diva de los teléfonos”.

“Ah, si la guacha esa, la tengo, la tengo… ¿Y qué bondi me lleva a Mashami?”

Así estuvimos unos 15 minutos y 40 segundos aclarando estos asuntillos, hasta que finalmente logramos meter al Guachín en un avión y mandarlo a Miami en una misión imposible, casi suicida. Eso sí: tuvimos que ceder a una exigencia de nuestro redactor estrella…do. Sí, adivinaron: se fue para al país del norte con toda su banda de cumbia.

Como verán, la historia da para largo… Así que van a tener que esperar hasta la próxima semana para que desarrollemos la anécdota de la foto prohibida de Susana. Además, tenemos una resaca increíble. Y ya fue. Listo.

14.7.07

Sandro

Con nuestro cronista el Guachín en la cárcel, volvimos a las fuentes: decidimos contactar a nuestro inestimable amigo Juan Alberto Badía para entrevistar a Sandro. Fuerte.


Es un groso, un histórico, un grande entre grandes, alguien que abrió camino, un visionario… Las mujeres mueren por él, le tiran bombachones y corpiños… Un par de veces estuvo internado, pero resistió y volvió con todo… Es un sex symbol, un gran cantante… Hablamos, claro, del Guachín, nuestro nuevo cronista estrella y cumbianchero confeso, que en estos momentos se encuentra detenido por tráficos de drogas y portación de armas blancas, negras y coloradas.

Por eso, nos resignamos y volvimos a la que a esta altura es nuestra cronista suplente: La Vieja, otrora secretaria de la redacción y anciana renegada devenida en punk rocker… que no olvida sus orígenes. Por eso, cuando le pedimos si podía reemplazar al Guachín, nos pidió (nos extorsionó, bah) entrevistar a Roberto Sánchez, más conocido como Sandro, ex ídolo de la anciana secretaria.

Y le dijimos que sí. ¿Qué otra opción teníamos? El problema era el contacto, como siempre. Miren, nuestra agenda se compone de dos números de teléfono: el de la pizzería de acá a la vuelta y el de Juan Alberto Badía. Perdón: el de nuestro amigo, la estrella de la televisión mundial, el tipo más correcto e inteligente y talentoso que conocimos, un grosísimo, un par con la humildad de los grandes: Juan Alberto Badía.

Sí, sí, sí y sí. Él sería nuestro contacto con Sandro. ¿Por qué? Se preguntan acaso “¿por qué?”. Oh, ya vemos vuestra cara de incredulidad, de sarcasmo… Seguramente piensan en este momento: “ah, estos giles le van a pedir a Badía que haga de contacto, le van a garronear el número de teléfono o algo así”. Pues no, se equivocan.

Sabemos que nuestro amigazo Juan Alberto no tiene el teléfono de alguien que no sea un ex Beatle o ex Danger Four, por eso nos vimos forzados a tomar una decisión drástica: secuestrar a Badía. Sí, así como lo leen.

Está bien, será nuestro amigo, pero primero están nuestro lectores, que (sabemos) se mueren de ganas por leer una entrevista a Sandro de América.

La idea extorsiva fue ocurrencia del mismísimo Guachín, cuando nos llamó desde la cárcel para pedirnos guita para la fianza. “Eh, guacho, secuestren a alguien y listo, loco… hagan eso y páguenme la fianza, guachos”. Y ahí se nos prendió la lamparita. Sí, somos rapidísimos. Una luz.

El plan era el siguiente: ir hasta la casa de Juan Alberto, secuestrarlo y ofrecérselo a Sandro como intercambio por una entrevista exclusiva con La Vieja. Brillante.

Le pedimos prestado el Falcon al Guachín (bah, se lo robamos), agarramos unos Tramontina y nos fuimos hasta la casa de Badía. Esperamos horas, con paciencia infinita, escuchando bajito la cumbiamba de nuestro compañero, hasta que de repente, con paso sigiloso, salió Juan Alberto, rumbo a Canal 7.

“Vieja, bajáte y agarrálo”, le dijimos a nuestra octogenaria secretaria. “Ni en pedo”, nos contestó amablemente.

Estuvimos discutiendo sobre el tema durante media hora, y finalmente nadie se animó a secuestrarlo. Recordamos tantos años de amistad, de compañerismo con Badía y no pudimos… Bah, en realidad arrugamos.

Nos volvimos en el Falcon a la redacción, con la cumbia al palo, derramando una lágrima, conmovidos, angustiados… y un poco dados vuelta por las extrañas sustancias que encontramos en el auto del Guachín.

13.7.07

Pablo Lescano

Eh, loco… no sé qué se pone acá en la subida, loco… yo soy el Guachín, gato… y tomé la redacción de estos pelagatos. Se viene la cumbiamba, se viene el bardo, gato, gato, gatoooo.


Eeeeeeeeeh, guacho piola… Le vamo’ a poner un poco de onda a esto, loco. Sí, loco, se viene el bardo del Guachín se viene. Y a las palmas, las palmas, las palmas, las palmas… “Vamo’ todo’ a fugarnos / de la cárcel / vamo’ a matar un rati / vamo’ a tomar una birra / y a chorear un masikiosko”…

Eeeeeh, amargos… vamo’ a la palma, la palma… Eh, son unos putos, loco… Son todo unos chetitos, que no se la bancan, gato… Acá el que tiene aguante es el Guachín, son todos unos chetitos… Seguro que escuchan música danse o teknológica, loco. No saben lo que es el barrio, lo que es el sentimiento popular de los vagos.

Sí, loco, tomé esta redasion porque no me pagan, loco… lo mío es la revolución con Lennon y Mars y todo los rusos esos, guachooooooo… Vamo’ loco… A la cumbia, la cumbia, la cumbia al palo… “Como sé que tu belleza me embeleceeeeee / vení y tocáme la que creceeeeee”… y “pi pi pi ri piiiiiii – aun aun aun auncccchh”.

Sí, guacho, porque encima la Vieja chota esa que trabaja de secretaria me acosa, loco… Y yo sé que el Guachín es muy sesi, que las trolas se me cuelgan de todos lados… Jajajajajaajja… sí, pero esta Vieja es un asco, loco, no da para más… Me tengo que bancar a todos estos y encima no me pagan un patacón, vieja… Todo mal, gato.

Voy a montar mi propia empresa, gato, y hacer buenas entrevistas a cumbiancheros, loco… Sí, y ya empecé con Pablo Lescano, que es un guacho polenta, pero ya me dejó plantado, loco, se me cayó un ídolooooo… Mañana le voy a componer una canción, y ya tengo el nombre: “Pablo Lescano se la come”. Sí, loco, y que me venga a buscar, el guacho ese.

La cosa fue así… Me subí al falcon con otros piolas y nos fuimos hasta la casa del guachín este, del Pablete te rompo el ojete. Pero el guacho se agrandó y no nos quiso atender, loco… En serio, te lo juro, tenía dos perros callejeros re rabiosos en el puerta… Amagamos con cagarlos de un corchazo pero salió un cana, que le defiende la casa al guacho este… Y nos fuimos, loco, porque el próximo guacho porongoso de la cumbia voy a ser yo…

Sí, ahora soy periodista pero ya no me gusta, loco, que me paguen, loco, porque se arma el bardo, loco, guacho, gatooooo. Le hacemo’ el piquete, loco. Vamooooosssssss… “Hay que matar un ratiiiiiiiii…”

Che, loco, guacho, ¿y quién es el Toti Chumpete, loco? Me hace un pete, me haceeee un peteeeee… Vamoooooooo…

Ufff… cómo pega la Cafia, loco… Juajuaaaaa… Pega mal la Cafia Plus.

Uuuuuh, ¿qué está pasando? ¡Pintó la yuta! Los guachos estos de Laugueb mandaron a la cana, loco… ¡Se arma el bardo! ¡Viva Rokefeler, loco! Vamoooo’, viva el Che, viva Perón, loco… Subí la cumbia, subí la cumbiaaaaa… ¡Aguante la villa! Y la re puta que los parió a todos.

(La nota será confiscada por la Policía. Léanla antes que sea borrada).

Daniel Hadad

Queremos armar polémica para tener más lectores. Por eso mandamos a nuestro nuevo redactor, “el Guachín”, a entrevistar al pope los medios progres: Danielito Hadad. Pánico.


“Somos los dueños del pabellón / y estamos cansados de tanta represión”. Y a las palmas, las palmas, las palmas, las palmas, las palmas, las palmas…

Ufff, estamos como locos en la redacción con nuestro nuevo redactor, que ya nos robó el corazón, el alma, el cariño… y las billeteras, los MP3, los celulares, etc. Pero lo material no cuenta acá, porque “el Guachín” llenó de alegría nuestra gris rutina.

Todos los días llega a la redacción a eso de las 10 (de la noche, claro), y comienza a batir las palmas, con paso de murga, mientras entona algunas de sus poesías.

Sin ir más lejos, ayer estrenó en exclusiva para todos nosotros su nueva canción, intitulada “El culo roto”. Sólo repetiremos los primeros párrafos para no tener problemas con el COMFER. Dice así: “Me gusta cuando callas, porque estás como ausente / pero más me gusta cuando abres la boca / para hacerme flor de pete”. Bueno, basta. Recordamos que nosotros sólo somos un medio para la poesía de “el Guachín”. Él es el único responsable de las barbaridades que dice. Que quede claro.

Bueno, vamos al meollo de esta entre(no)vista, que seguramente causará bastante revuelo. Por lo menos esa fue nuestra intención. Para vender más tenemos que crear polémica, al estilo de Revista 23 o Noticias o 7 días o Caras o incluso la Billiken. Ah, sí, sí, sí, ¿y qué mejor que usar a nuestro nuevo cronista estrella para entrevistar al pope de los medios progres? Sí, claro que sí, hablamos de Danielito Hadad.

Imagínense: el choque de dos mundos opuestos, el de nuestro Guachín y el de Danielito. Cualquier cosa podía pasar. Lo mandamos a Marco Antonio hasta Radio 10 para intentar hacer contacto.

En la entrada se encontró con otro amigo progre, el Negro Oro, que cuando vio al Guachín pegó un salto hacia atrás al grito de: “¡Un negro, un negro! ¡Un negro cumbianchero! ¡Vade retro!”

La respuesta del Guachín fue más que civilizada: “No, señor, que no lo asuste el color de mi piel y mi pelo oxigenado. Sólo quiero un peso pa’ la birra”. Pero el Negro ya se estaba tomando un taxi en la esquina, rumbo a San Isidro.

De Danielito ni noticias.

Pasaron los minutos, pasaron las horas, pasaron incluso los días, pero el zurdito de Hadad no aparecía.

Al Guachín entonces no se le ocurrió mejor idea que hacer un piquete enfrente a Radio 10. Pintó un cartel que decía: “Jadá, compadre, la concha de tu ma…”, quemó unas gomas y se sentó a esperar, con la cumbia de su Ford Falcón al palo. Y ahí se armó el quilombo.

“Protesta de bolivianos en frente a Radio 10”, anunciaron desde el noticiario. “Cortan la calle y queman gomas, sin dejar circular libremente a los ciudadanos comunes y respetables, no como estos negritos sucios que escuchan cumbiamba. ¡Qué asco!”.

Toda esta campaña en contra del Guachín, no lo hizo retroceder ni un paso. Por el contrario, lo enfureció. Pero claro: el poder de la prensa es grande, y lo que empezó como la protesta de un simple colega terminó siendo pintado como “el motín de un montón de bolitas sucios, roñosos y haraganes” (según palabras de la 10).

Sin embargo, nuestro Marco Antonio no aflojó. Con un coraje que muchos periodistas respetados no tienen, se quedó soportando todas las afrentas de la clase media acomodada, sin bajar ni un poco el volumen de su cumbia villera y con el humo negro bien espeso.

A la semana, no obstante, llegó la gendarmería con sus balas de goma, sus gases lacrimógenos y sus helicópteros. A nuestro novato redactor lo reprimieron sin piedad. Se lo llevaron de nuevo preso, y así sigue hasta hoy.

Si alguien quiere pagar la fianza, escríbanos al jadáselacomedoblada@hotma.com. Y recuerden que el Guachín fue encarcelado por la libertad de prensa, por defender nuestros derechos, por… Nos emocionamos, la pucha…