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7.12.07

La renuncia de Chumpete

Tremendas, terribles, espantosas, asfixiantes, horripilantes, paupérrimas noticias tenemos para darles: se nos fue Toti Chumpete. No, no murió: renunció. Dolor.


A usted, señora Lita de Lázari, nuestro Enano Groso, neoliberal máximo de este universo lleno de piojosos obreros, la hace máxima responsable de la renuncia del ilustre Toti Chumpete.

En nuestra anterior entre(no)vista, pudimos recuperar al señor Chumpete pero un nuevo fracaso tumbó su carrera en Lauweb de una vez y para siempre. El mismo Mariano Bondiola derramó una lágrima. El Guachín le aulló a la luna en medio del bosque chaqueño. La Vieja dijo en silencio: “Toti, tú has sido mi amor, no hay Kevin Federline que valga; cuando mi dorima murió y quedé viuda, tú me has consolado. Oh, sí. No te olvidaré. Pasá por ventanilla que te pagamos tu último miserable cheque y no pidas indemnización ni nada por el estilo”.

Cuando el Enano Groso se enteró de la determinación de Toti Chumpete, se subió al 60, mató al conductor, se sentó a conducir y pisó a dos o tres viejas que cruzaban la calle.

Se fue hasta Escobar, se metió en una casa, tuvo cautiva a toda una familia (siempre con la ayuda de los samurais asesinos), y luego, mientras defecaba en el baño, con la mirada en el piso, dijo: “Toti Chumpete, yo nunca te conocí en persona, nunca tomé un whisky con vos, pero si te llego a cruzar alguna vez te embadurno el upite, te siento en la punta del Obelisco, para después pasearte en cuatro patas por la Plaza de Mayo al grito de: 'acá está, este es, el culpable de que suba el tomate y el zapallo anco', después te ato frente a la Catedral y hago que, uno por uno, todos los granaderos te metan por la garganta sus sables... y eso para empezar”.

Emotivo, ¿no?

Sólo Martín y Leonardo, los púberes pasantes de este medio, se comunicaron con Toti Chumpete para expresarle solidaridad. “Sí, boludo, aguante el consumismo”, dijeron. “Ah, no, el comunismo, boludo”, se corrigieron al instante. A lo que Toti les contestó, vía messenger: “Mi tolerancia tiene un límite, y ese límite se llama La Virgen de Lujan. Yo he visto la luz, yo he mirado más allá, yo... yo... yo he conseguido otro laburo donde me garpan más y no hay un Enano estúpido con samurais represores que nos mandan al fracaso continuo. Y además, he descubierto al Señor... al Señor kiosquero de la vuelta de mi casa, que me consiguió un laburito atendiendo el puesto de chipá y churros.”

“¿Pero porqué renunciaste, boludo?”, preguntó Martín (o Leonardo). “Se los acabo de decir, ignorantes borregos. ¿Están escuchando, oh amables estudiantes, o le están dando duro y parejo a la matraca?”.

“No, te re escuchamos, boludo, pero no nos queda claro, o sea... ¿porqué te bas, boludo?”.

“Primero, 'vas' es con V corta. Segundo, llamen a Susana que por ahí se ganan un televisor o una plancha. Sí, estoy siendo irónico”.

Esas fueron las últimas palabras del célebre cronista, cuasi artífice de esta sección. Hoy no hay entrevista, no hay nada: sólo silencio. Vacío. Con papas al horno. Dolor. Chorizo. Pancho con papitas. Eso hay. Nada más. Se nos fue Chumpete. El futuro de esta sección tambalea. Temor.

Lita de Lazari

Volvió el que sabe. Sí, recuperamos a Toti Chumpete. Alegría, alegría. Y para que entrara en calor lo mandamos a una misión cuasi imposible: entrevistar a Lita de Lázari.


Y un día el Enano Groso lo llamó al Guachín y le dijo: “Nos encontramos en el bosque chaqueño”. Y el Guachín respondió: “¿dónde queda eso, gatu?”. A lo que el Enano respondió: “no se haga problema, oh empleado en negro: nosotros mismos lo llevaremos en helicóptero”. A lo que Marco Antonio respondió: “uh, re pintó”. Así fue que el Guachín llegó al Impenetrable y fue abandonado a su suerte.

“Uno menos”, dijo el Enano cuando se enteró que el plan para deshacerse del ex cumbianchero estaba concluido. “Ahora tenemos que traer de vuelta a Toti Chumpete”.

La búsqueda fue ardua: no quedó bar ni telo sin revisar. Cuando finalmente lo encontramos en tercer cordón del conurbano, Toti sentenció en plan existencial: “oh, amada tierra, amado barro, dime cómo hacer para levantarme cual ave Fénix, cual gato Felix, cual Tweety escabiado, para volver a trabajar. Sí, necesito trabajar. El hombre que no trabaja se transforma en un animal. Yo he visto el infierno y he vuelto para contarlo. Oh, oh, oh, soy el gran Toti Chumpete, vine para resurgir de las cenizas. Guarda la tosca.”

El mismísimo Enano Groso junto a nuestra jefa y editora La Vieja lo recibieron a Toti. “Todo muy lindo”, dijo esssssta, “pero ahora tienes que trabajar y por eso tu primer entrevista será a la distinguidísima señora Lita de Lázari. Sí, porque la papa y el tomate están muy caros.”

Toti se clavó una berlinesa y se fue sin chistar a cumplir con su deber. Era otro hombre, había descendido al infierno y había vuelto para contarlo... sí, ya sabemos: eso lo acaba de decir el mismo Chumpete en la frase de arriba. Pero bueno, lo cierto es que estuvo en el infierno y volvió para contarlo.

Como dijimos, estuvo en el infierno. Y volvió. Para contarlo. Además, era otro hombre. En realidad no, era el mismo: Toti Chumpete. Pero estaba cambiado: la experiencia infernal se notaba en su rostro cuajado por el dolor.

Antes de cumplir con su deber se fue caminando hasta Luján. ¿El Toti es creyente? No: en realidad no tenía un peso para el bondi y tuvo que ir caminando para cobrar una deuda. En el camino a Luján se cruzó con Lita.

Sí, no nos pregunten cómo... bah, sí, pregunten, porque sino no podemos seguir. ¿Listo? ¿Preguntaron? Bueno, la cuestión es que a la mitad del camino el Toti se nos cansó y empezó a hacer dedo. ¿Y quién paró para llevarlo? No, Lita de Lázari no. Lo llevó un camionero que intentó violarlo y no pudo. No pudo porque Toti se ofreció solito a tener sexo. En fin, el hombre (o sea, Toti) está confundido. Recuerden que estuvo en el infierno y volvió para contarlo. De hecho, dentro de unos meses saldrá a la venta el libro de Chumpete intitulado: “Estuve en el infierno y volví: para contarlo”. La cuestión es que después de tener relaciones sexuales con un camionero, Toti fue arrojado violentamente desde el vehículo por esssste. Compungido, tirado en medio de la ruta, Toti vio una imagen acercándose desde el horizonte: era Lita.

Las palabras de Chumpete fueron las siguientes: “oh, señora Lita, a la cual tanto he estado buscando en mi corazón, ven a mí y concédeme una entrevista”. A lo que Lita respondió, bañada en lágrimas: “¿Y vos quién sos, pibe?”. El Toti respondió: “Soy Toti Chumpete, el hombre que fue al infierno y volvió para contarlo. Usted ha venido a rescatarme, señora: no existen las casualidad, sólo las causalidades. Y el Pato Donald, que también existe.”

“No”, respondió Lita, “el Pato Donald son los padres. Y yo estoy acá por otras razones: me dijeron que hay una verdulería muy barata en la zona”. Y la señora menemista se fue, al grito de “¡que vuelva el que sabe!”, dejándolo solo a Chumpete, desangrándose.

Nuestro recuperado periodista (el que fue al infierno) miró al cielo (y volvió para contarlo) y exclamó: “oooooooooh, dame un laburito, Señor, yo sé que Tú existes... bah, en realidad no lo sé, pero estoy acá más solo que perro malo y no tengo nadie a quién hablarle. Por favor, el periodismo no es lo mío, yo quiero tener un maxikiosko, una remisería, algo así. Por favor, Señor, si es que existes dame una señal ahora”.

En ese preciso momento una luz se vislumbró en el camino: era el camionero violador que volvía a buscarlo al Toti para pintarle los labios y llevarlo a vivir en un rancho en Catamarca. Temor.

30.7.07

Carlos Menem (segunda parte)

Leonardo. Martín. Carlos. Zulemita. La Vieja. Toti. Enano. Groso. En este zoológico de personajes, cualquier cosa puede pasar... menos que todo o algo salga bien.


“¿Hola, Carlos?”, preguntaron los púberes periodistas Martín y Leonardo.

“Sí, ¿quién habla? ¿Zulemita?”

“No, no, somos dos jóvenes que estamos interesados en hacerle algunas preguntas”.

“No, io preguntas no contesto a los giles”, sentenció el Carlos y cortó.

Temor. Pánico. Alegría. Sed. Sindicalismo. Odio. Vivimos en un mundo. Sí, vivimos en una galaxia. Eso. No queríamos decir nada original, sólo boludeces (para variar).

Ocurrió luego del estrepitoso fracaso que La Vieja les mandó el siguiente mensaje de texto a Martín y Leonardo:

“Pero utds sn mdio pltuds? Vngn ya pqe sino stn dspddos y adms les rscndo el contrt... anqu stn en ngr y trbjndo por dos psos cn cncnt. Ls vy a rscndr el contrt con la vid, de la plza q les vn a dr ls smurs del Inestimable y Altísimo Señor Enano Groso”.

Los dos pichones del periodismo-verdad tiraron el celular al Riachuelo y se fueron a emborracharse a “El Obrero”, un barzucho de La Boca. Allí, entre las sombras, creyeron ver a un personaje extraño pero a la vez familiar. Se acercaron a él, desencantados del mundo como estaban, y lo invitaron a un trago.

“Paga el Enano Groso”, dijeron.

El extraño giró la cabeza y sus ojos se iluminaron como la luna: era nada menos que el indomable Toti Chumpete. Con una voz ronca, irreconocible, les dijo: “¿Enano Groso? Je je je. ¿Ustedes trabajan para él? ¡Díganle que no le tengo miedo a sus patovas orientales! ¡Las amenazas no surgirán efecto, manga de atorrantes hijos de una gran perra parida en el prostíbulo más decadente de la metrópolis pérfida!”.

“No, no, señor Chumpete”, susurró Martín, “todo lo contrario: nosotros lo admiramos, somos trabajadores del palo como usted. Y estamos desencantados, alienados, hastiados del mundo. Nos mandaron a entrevistar al Carlos, pero fracasamos.”

“¿Al Carlos? ¿Acaso ustedes dijeron “al Carlos”? Supongo que se refieren al ex patilludo. El señor Enano Groso, y se lo digo sin ningún tipo de respeto, quiere destruir el futuro de lo que alguna vez fue una redacción dominada por gente como yo, gente que quería trabajar, gente que... bueno, que ha quedado trastornada también. Vean que... me debo a mi público... soy un hombre responsable que dejó la vida...”.

Sin terminar de pronunciar la frase, Toti cayó desmayado.

El colapso del ídolo. Sí.

En ese momento, a Martín y Leonardo les agarró un julepe tremendo: no querían terminar ahogados en su propio vómito.

Decidieron, pues, tomarse un avión hasta La Rioja... bueno, en realidad no, se fueron en bondi... no, tampoco... Perdón, pero no podemos ir contra nuestra incansable búsqueda de la Verdad: se fueron a dedo. No sabemos si alguna vez llegarán a la tierra del Carlos.

Por el momento, el paradero de Martín y Leonardo es desconocido. Informamos a sus padres que cualquier reclamo debe ser callado si no quieren ser reprimidos violentamente.

A raíz del extravío de estos dos poco talentosos periodistas, y con Toti Chumpete en las sombras, le pedimos al señor Guachín que regrese de su exilio.

In Guachín we trust.

21.7.07

Daniel Filmus

Volvimos, ¿volviste? Hoy vamos con todo por Filmus y el sentido de la vida. Aguante.


Sí, señores y señores, niños y niñas, perros y perras, gatos y gatas, insectos, medio ambiente en general, honorables rockeros y rockeros, rolingas o no, piojosos o rengos, señores de la alata cumbia villera, abuelos y abuelas, tíos y tías, primos y primas, desconocidos y desconocidas... en fin, toda la gentuza que anda dando vuelta por ahí; a ustedes, y no a otros, tenemos que decirles sólo una palabra: sí.

Recordemos que en nuestra última entre(no)vista nos había quedado pendiente una pregunta de corte existencial para el candidato Jorge Telerman: ¿qué sentido tiene la vida? Recibimos muchos mails... Spams, como siempre. Pero ninguno del Pelado Afrancesado.

Nos respondió la secretaria de la subsecretaria de Carrió que parece que respondía de parte de Telerman. Publicamos el mail tal cual nos llegó y luego nos metemos con otro de los candidatos:

“Señores irresponsables de Lauweb: nos preguntan qué sentido tiene la vida. He aquí la respuesta de Jorge: 'YO QUÉ SÉ'”.

Soberbio.

Adentrémonos, ahora sí, con nuestro siguiente candidato a Jefe de Gobierno: Danielito Filmus.

Nuestro amigazo Filmus, que tanto pero tanto lo queremos, y que por eso le mandamos a nuestro mejor y más serio cronista: Toti “el grande” Chumpete.

Nuestro periodista estrella se siente identificado con el candidato del gobierno: esa seriedad, ese talante, ese barba, ese carisma, ese vuelo sociológico, etc.

Zancadilla. He aquí otro palabra clave para comprender esta entre(no)vista. Sí, porque Toti se fue hasta la puerta de una radio muy conocida para esperar a Danielito y le hizo una zancadilla. Fuerte. Actitud extraña en Chumpete que pasaremos a explicar.

Lo primero que hizo nuestro compañero fue llamar al jefe de prensa de Filmus. No le dieron bola. “Pero yo soy groso, casi le hice una entrevista a Bush y todo”, fue la respuesta de Toti. No hubo caso.

Pasamos al Plan B: inventar la nota. Pero no, eso nunca lo hicimos ni lo haremos. En realidad, lo hicimos un par de veces, pero fue culpa de nuestro jefe, el Enano, que estaba desesperado porque no le entraba guita y mandó a sus samurais para reprimirnos. Resumiendo: el Plan B era descabellado teniendo, además, al gran Toti como encargado.

Pasamos al Plan C: no funcionó.

Pasamos al D: tampoco.

Y así se nos acabó el diccionario en tiempo récord: tuvimos que inventar la Z bis.

Y ese fue exactamente el plan que funcionó. Le dimos un par de pastillas a Chumpete y le dijimos: “tenés que conseguir la nota con Filmus sí o sí. Si no, ni vuelvas.”

Desesperado, Chumpete se tomó un remis y fue a esperarlo a la puerta de una radio. Cuando el Barba salió, nuestro cronista no tuvo mejor idea que hacerle una zancadilla.

Por suerte (por suerte para Filmus) el que cayó y se rompió la cara fue un doble del candidato... Bah, “doble”, lo que se dice “doble” no era. Bueno, lo admitimos: en realidad, el nabo de Toti se confundió a Danielito con otro tipo barbudo que era el doble pero de gordo, y le dio flor de paliza a nuestro cronista.

El encuentro nunca se produjo. Pero el gran Chumpete está esperando revancha para el ballotage. Lo único que le falta es que el candidato de la barba no le llegue. Si esto ocurre... aténgase a los consecuencias, señor Presidente. Eh. Ojo.

Ojo.

Ricardo Iorio (primera parte)

“La cumbia es una mierda”, dicen los rockeros. Pero nosotros estamos dispuestos a demostrar que el metal y la cumbiancha son hermanos siameses. Y fuimos a por Ricardo Iorio.


¿Nos metemos en el mundo del rocanrol? Dale, metámosnos. Sí, pebete/a, adentrémonos, sucumbamos, estallémonos dentro del mundo loco, del mundo de la farsa rocanrolera.

Tachas, crestas, pins, drogas, Termindor, espinaca, cerebros vacíos, en fin… ¿qué mejor que mandar a nuestro cumbianchero, a nuestro cronista estrellado, el gran Guachín, para conocer nada menos que a la cumbre del metal y el fascismo del rocanrol argento? ¿Quién? ¿Cómo “quién”? Ricardo Iorio. Nuestro amigo personal Ricardo Iorio (más vale tratarlo bien, a ver si nos viene a buscar).

Ricky es un adalid del metal, un tipo que odia a los judíos, es verdad, pero que con sangre y sudor ha construido la historia del rocanrol argentino. Nacional. ¡Viva Perón! ¡Viva el gaucho! ¡Viva la pepa!

Bueno, le dijimos al Guachín: “Ve, oh amigo nuestro, oh gran puñetero del periodismo, oh, oh, oh, ve y entrevista al gran Richard Iorio, en homenaje a los 40 años del rock nacional”.

“¿Qué decí’, gato?”, fue la respuesta de Marco Antonio. “Habláme en castellano a mí habláme”.

En ese momento irrumpió en la redacción el gran Toti Chumpete, vestido de Robin y buscando su Batman, al grito de: “Ea, ea, ea, ea… Yo soy el Toti Chumpete (yo soy el Toti Chumpete)… quiero volver a mi sección (quiero volver a mi sección)… así que no me rompan más… que no soy un boludón… ea ea ea ea ea”.

“Jua, jua, gato… pero si sos más boludo que los pajarito' vo’”, palabras del Guachín.

“Mire, señor Guachín”, exclamó Chumpete, “usted tiene una misión en esta vida, usted tiene que reformarse y reintegrarse en la sociedad. Sí, basta de robos, drogas, alcohol y cumbia estridente. Su misión es ser periodista, no le escape más al destino. Conviértase. Lauweb lo ama.”

Conmovido, el Guachín dijo entre llantos: “Es verdá’, gato, es verdá’. Me voy a ver al guacho ese de Ricardo Osho. Sí, loco, voy a dejar la droga... la voy a dejar bien guardada por si me arrepiento.”

Emocionante. Realmente. Muy fuerte.

Tan emocionante que no nos podemos recuperar del golpe.

El Guachín ya partió hacia la casa de Ricardo Iorio, y estamos aguardando los resultados.

La cumbia y el metal se saludan, sí señores.

17.7.07

Paolo el rockero (segunda parte)

Pasen más tinto, que siguen las aventuras del Guachín, Toti Chumpete y Paolo el rockero en una cárcel roñosa. Advertencia: esto puede derivar en cualquier cosa.


“Señor Paolo, reaccione, reaccione, no nos meta en más problemas”. Sufridas palabras del pobre Toti Chumpete.

Pero hagamos una pausa.

La semana pasada les contamos cómo nuestro cronista histórico Toti Chumpete terminó en la cárcel por… OK, no se entiende nada, explicaremos resumidamente para la gente normal qué es lo que está pasando acá. Ahí vamos: esta sección empezó hace más de un año con la intención de lograr entrevistas con grandes estrellas del mundo político, del espectáculo, del deporte o de donde sea, pero fallamos siempre, siempre, siempre, y este año decidimos abocarnos a las estrellas nacionales pero tampoco venimos muy bien; uno de nuestros cronistas más antiguos es el gran Toti Chumpete, que fue creciendo y este año tuvo su propia sección pero ahora nos está haciendo un favor y volvió a nuestra sección, pero cuando nos dejó tuvimos que contratar a otro cronista, hicimos un casting y nos quedamos con el único que se presentó: el Guachín, un cumbianchero que siempre termina preso, eso sumado a toda nuestra ya anterior caterva de periodistas, incluyendo por supuesto a nuestra octogenaria secretaria devenida periodista luego de lastrase al ex de Britney Spears y teñirse el pelo de verde, pero lo que pasó ahora, hace unas semanas, es que quisimos infiltrar en un grupo de izquierda a Chumpete y terminó en cana, justo en la misma celda que el nuevo cronista (el Guachín) y se encontraron, ellos que no se conocían, pero ahí también estaba Paolo el rockero que terminó en la naca porque se equivocaron y lo llevaron allí en vez de al manicomio, entonces se encontraron los tres, se dio un diálogo de lo más delirante, y el hippie decadente terminó desmayado. De allí las palabras de Chumpete con que empezamos esta nota: “Señor Paolo, reaccione, reaccione, no nos meta en más problemas”.

Ahora continuamos con nuestra loca historia. Desesperado porque el Paolo estaba tirado e inconsciente, Toti entró en pánico, pero inmediatamente el Guachín solucionó el problema.

De una manera poco civilizada, pero lo solucionó: se sacó el cinturón, se lo enroscó en la mano y le dio un par de cinturazos al Toti. Se calmó enseguida. Después se agachó y le dio dos piñas al Paolo. También reaccionó.

He aquí sus primeras palabras: “Uuuuh, persona, paremos con la violencia, loco… Paz, personas, aaaaarrrgh… Paz, paz, paz. Tuve un sueño re volador recién, venía una gaviota loco y me lavaba el pelo, loco… Era una pesadilla, soñé con agua, loco… Uuuuuuuuh”.

“Calláte la boca, hippie sucio, que te pego un cinturonazo”, fueron las palabras de un sacado Guachín, que de la admiración hacia el Paolo pasó al odio sin escalas.

“Ahora se me ponen los dos contra la pared y se quedan quietitos ahí, eh, que ahora viene la policía”, dijo un irreconocible Guachín.

“Pero, uuuuuuuh, loco, vo’ sos cana, loco, pintó el bajón, uuuuh”, dijo Paolo.

“Sí, gato, soy cana por un momento porque me tiraron un arreglo, soy un infiltrado, loco, sí, ¿y qué?”, dijo el Guachín.

“Usted, señor Marco Antonio”, dijo Toti, “como se dice en el barrio: se vendió a la Federal. Sos un botón, sos un botón, oh, oh, oh”.

“Calláte que te quemo acá mismo, Toti Hacemeunpete”, amenazó el cumbianchero.

“Yo estoy infiltrado para poder zafar de la cana, porque estoy podrido de esta roña, gato, re podrido, por eso me comprometí con lo’ rati a seguir a este Paolo trucho, que es un narco que se hace pasar por el famoso hippie, gato”.

“Noooooo, loco, persona, estás chamuyando cualquier banana… uuuuh”, arremetió el ahora supuesto Paolo.

Bueno, acusación va, acusación viene, terminaron a las piñas y tuvo que intervenir la gendarmería, y se supo finalmente que era verdad lo que decía el Guachín.

Nuestro cumbianchero cronista había sido sometido a presión por parte de la policía: le dijeron que iba a salir en libertad si les hacía de soplón. Estaban persiguiendo a un narco que estaba disfrazado de Paolo el rockero para despistar.

Y efectivamente, se trataba de Marcos López, famoso colombiano con un notable parecido físico al hippie.

Por suerte, todo terminó bien: nuestro Guachín quedó libre, pagamos la fianza de Chumpete y Paolo el rockero (el verdadero) debe estar colocado en su casa.

Y la entrevista… ¿qué entrevista?

15.7.07

Paolo el rockero (primera parte)

En este capítulo de la sección más lisérgica la web, el Guachín se conoce con Toti en la cárcel y un inesperado y querido personaje hace aparición: Paolo el rockero (y sus gaviotas).


Es un misterio. Si estirás el brazo hasta que la punta de tus dedos toquen la pared, luego lo doblás y de nuevo intentás tocar la pared, vas a ver que no podés. No hay caso. No hay explicación científica posible. No hay vuelta.

Esto era más o menos lo que estaba pensando Toti Chumpete durante su estadía en la Comisaría de la Boca, donde fue a parar luego de intentar infiltrarse en un grupo de izquierda.

Mientras su mente desvariaba por los misterios más profundos del Universo, oyó un sonido familiar, una voz popular y una poesía profunda e inescrutable. Sí, era el Guachín. Se miraron en un eterno instante. Dos potencias que se juntan, cuatro ojos que se juntan, una pestañas inmutables, un mate, un café, varios silencios, disparos, corridas, baile, pan árabe, una gaviota… ¿Una gaviota? ¿Una gaviota en una cárcel? No, no, no.

Fue la palabra “gaviota” la que resonó en el pabellón. Y la voz, oh Dios santo, Santo Biasatti, la voz no era ni de Toti, nuestro comprometido periodista, ni del Guachín, nuestro gran cronista cumbianchero. No, la voz provenía de otro lado, la voz que pronunció esa palabra (“gaviota”) llegó del fondo del abismo hippie.

Empastillado hasta los dientes con Cafia Plus, un groso hizo su aparición: el Paolo. ¿Cómo “qué Paolo”? ¡Paolo, el rockero! Ese monumento al humor lisérgico.

“Uuuuh, loco, mirá esa gaviota", masculló entre ataques epilépticos.

El Guachín y Toti se miraron, asombrados ante tanta locura acumulada, incrédulos al estar frente a un groso como Paolo.

“Agggherrrr, agggggh, aaaaaaaggggh, loco, tendría que estar en el manicomio yo, murciélago aladoooo… aaaaagggg, persona”.

Por una confusión en el traslado, el Paolo terminó en la cárcel en vez de ir derecho al manicomio.

El experimentado Toti Chumpete lo miró a los ojos, y con voz poco firme lo encaró: “Señor Paolo, también llamado ‘el rockero’, nosotros somos nobles periodistas de un medio independiente, comprometido, popular, anárquico-conservador, y en una ocasión que todos recordamos con especial beneplácito le hicimos una entre(sí)vista a usted, mi estimado señor”.

“Uuuuuh, locoooo, pasame esa manzana voladora”, fue la cabal respuesta del hippie trastornado.

“Escúcheme, señor”, repuso un calmado Toti, “somos del medio llamado Lauweb”.

“Agggggh, siiiiiiiiiiii persona, me acuerdo, aaaggh, me acuerdo de la nota re hamacadora. Uuuuuuuuuuuuuuuuuh”.

Ante la indescriptible situación bizarra que nos presenta un encuentro entre el Guachín, Toti Chumpete y Paolo Rockero, no tenemos más que transcribir el alocado diálogo que tuvo lugar. Adiós, nos retiramos (no se asusten, estamos bien).

Guachín: “eeeeeeh, gato, yo te vi en Esterminator 4, loco, fuistessss mi modelo en la juventú, Paolo. Me estoy re emocionando, chabón”.

Paolo: “uuuuh, loco, me siento re volador acá, personaaaaas”

Toti: “por favor, que vuelva la cordura si no queremos que la policía nos reprima en este mismo momento”.

Guachín: “Pero calláte, Toti Mehacéunpete… votemos que para que el Paolo haga un monólogo pa’ todos los muchachos acá”.

Paolo: “OK, si el pueblo radical lo pide, loco… aaaaaaghh, persona, ayer me comí una pizza voladora, con mucho aceite biológicamente testeado, agggggghhh… Persona, paz y amor en las pizzerías, loco, paz para poder tomar la birra sin agua de océano… Uuuuuuh, no sabés cómo pega el agua de océano… Está de diez, loco… Me siento como superman en el trencito de la alegría, persona. Estoy re mal, boló, estoy como un enano atado a la correa, uuuuuuuh…Todo re bactereólogico, men, uuuuuuuh… Todo este pabellón está muy apocalíptico, loco, arggggg… Mariposa alada, mariposa alada, al hada madrina, persona. Chau, loco, esto es un mambo total, loco, todos ladrones buena onda, con pancho y coca, loco, uuuuuh… Mirá lo que es este fraseo de batería, loco, mirá… catapún-pun-pun-patapún… Uuuuuuuh, persona, uuuh aaaagggh, ¡qué copado! Conmoción cebreal, loco, uuuuuh… Se me palma la cabeza del pescado, uuuuuh… Esto mata, persona… mató mil, mató mil, me tildo, me tildo… uuuuh, chau, loco, se me va la gaviota, chauuuuuu, uuuuuuuh…”

En ese momento Paolo vio el borde del precipicio y se desmayó…

Raúl Castells

Una vez leímos una parte del “Manifiesto Comunista” y nos marcó a fondo. Desde ese momento quisimos entrevistar a algún luchador social. Pero nos conformamos con Raúl Castells.


“Olé, olé… olé, olá… adonde vayan los iremos a buscar”. Sí, estamos ensayando para infiltrarnos en una movilización piquetera. ¿Por qué? Porque queremos entrevistar a un luchador social, a un incansable prócer de los derechos humanos, a un revolucionario de raíz gramsciana… pero por ahora no encontramos a ninguno en Argentina y nos conformamos con Raúl Castells.

Igual no fue nada fácil fracasar como fracasamos. Con el Guachín, nuestro cronista cumbianchero, en cana por haberle pegado a Moisés, tuvimos que mandar a La Vieja para acometer semejante empresa.

Primero pensamos en secuestrar a la esposa de Castells, Nina Peloso, y exigir una entrevista para liberarla, pero el plan fue rápidamente desechado: la Vieja es una defensora incansable de los Derechos Humanos e inhumanos también (porque le cabe defender los animales) y se negó duramente a secuestrarla a Nina.

No sabemos cómo, pero nuestro jefe, el Enano, se enteró de esta movida y nos llamó inmediatamente. Bah, en realidad mandó a sus yakuzas y nos apretaron. “Nada de Castells ni zurdaje”, dijeron en japonés.

Pero no arrugamos. No nos detendremos frente al capitalismo post industrial. No, no, no, no, no, no, no daremos el brazo a torcer. Nuestra meta es entrevistar al Raulo y así lo haremos, cueste lo que cueste.

¡Viva la revolución! ¡Viva el Che! ¡Viva Lenin! ¡Viva Bochini! ¡Viva Jazmín (el perro de Susana, que en paz descanse)! Aguanten todos los trabajadores del mundo, que uníos triunfaremos en la última y gran revolución humana: la nueva Creamfields.

Por todo esto, en un acto realmente revolucionario y fraternal, repatriamos a nuestro compañero Toti Chumpete. Sí. El mismo. El grande. Le dijimos: “Toti, volvé, te necesitamos para que te infiltres en una protesta piquetera y consigas una entrevista con Castells”.

Las palabras exactas y conmovedoras del Señor Chumpete fueron las siguientes: “Volveré y seré millones. Sé, me lo han contado: que intentaron reemplazarme por un fanático de la cumbia, pero no importa. Cuando me llamen, allí estaré, con mi inconmovible profesionalismo. Amigos, he vuelto”. Aplausos infinitos.

“Bueno, andá a laburar ahora y dejáte de decir boludeces”, le dijimos. Y allá fue el gran Toti Chumpete, nuestro (no) enviado especial, a infiltrarse con los grupos de izquierda. No, no somos de la SIDE ni tampoco de Quebracho: sólo queremos contactos para lograr entrevistas. Paz. Temor.

Toti, en una muestra de su inabarcable talento, no sólo se aprendió todos los cantitos combativos del PO y el MST, sino que también aportó nuevos.

Acá van unos cuantos ejemplos: “Ooooooooh, vamos todos juntos / a cantar por los desocupados / queremos tener trabajo / y comprarnos un tapado / ¡Que se mueran todos! Nosotros somos los mejores / Aguanten la cumbia y… ¡los ritmos populares! / ¡Aguante el manifiesto comunista! / ¡Y también el libro ese gordo llamado “El capital”, aunque nadie acá lo leyó ni por la mitad / ¡pero aguante igual!”.

Otro más conmovedor aún y menos enrevesado: “Olé, olé… olé, olá… matemos a los de la pizza y el champán… Olé, olé… olé, olá… aguante la birra y el chopán”.

Otro: “En la cancha de River vamo’ a ganar, en la cancha de River vamo’ a ganar, ¡y al capitalismo, y al capitalismo vamo’ a derrotar!”.

También hizo cambios en algunos cantitos que consideró demasiado ofensivos. Un ejemplo: al famoso “Kirchner sos botón”, lo modificó de la siguiente manera: “Oh, honorable señor presidente de la Nación Doctor Néstor Kirchner, no compartimos tu manera de entender la política y por eso te llamamos de forma cariñosa ‘botón’”.

Pero con esta corrección nuestro querido Toti metió la pata: fue demasiado oficialista, demasiado respetuoso, demasiado poco combativo. Y ahí se dieron cuenta que era un infiltrado.

Claro: Chumpete quiso explicarles que era de un medio de comunicación independiente, y que quería entrevistar a Raúl Castells, pero no le creyeron: pudo más la vertiente apocalíptica.

Empezaron a gritarle: “¡infiltrado de la SIDE!”, “¡hijo de una gran perra!”, “¡imperialista!”, etc. Se armó, entonces, un tole-tole de aquellos, con intervención dela gendarmería, y curiosamente Toti Chumpete quedó preso en la misma celda que el Guachín.

El encuentro entre estos dos grandes, en la próxima entre(no)vista.

9.7.07

Comienzo de año

Badía. Chumpete. La Vieja. El amor. La acción. El horror. La pasión. La locura. Lo insondable. Todo cabe en esta, la sección más loca de la web, que hoy regresá con tutti. O no tanto.


Hemos regresado. Fuimi vidi vici. Es el comienzo de un nuevo año donde vamos a arremeter contra la farándula internacional y ahora también nacional. No porque hayamos bajado la puntería, sino porque ya nos quedan pocos famosos grosos a quienes entre(no)vistar.

Así que tengan miedo, famosos del país y aledaños: vamos a ir por ustedes.

En este breve lapsus, pasaron miles de cosas. La principal quizás sea, además de las poco merecidas vacaciones de La Vieja y compañía, una charla que tuvimos con el Jefe. Ojo al piojote: no nos referimos a nuestro jefe, al patrón, sino al Jefe, al Groso, al Number One. ¿Quién? Juan Alberto Badía, por supuesto.

Ah, sí, sí: nosotros trabajamos para él… espiritualmente, claro. La cuestión es que tuvimos una charla importante con el Boss Badía, y he aquí una extracción de este diálogo crucial en la historia de las entre(no)vistas:

-Badía: La entre(no)vista no da para más. Es un quilombo, un bardo, una chanchada bizarra que tuvo su auge, su punto cumbre, pero que ya no da para más. Mejor irse con la frente alta que caer en picada.

-Lauweb: No, Jefe, no… Todavía nos quedan varios fracasos por delante. La mente creativa de Lauweb no para, no se detiene, está en plena ebullición.

-Badía: no, déjense de afanar. Este versito de la entre(no)vista no da para más. Piensen otro boludez, che.

Y así siguió el ida y vuelta durante largo tiempo: que Badía nos quería rajar, que nosotros queríamos seguir. Hasta que nuestro habitual colaborador, el afamado Toti Chumpete, rompió en llanto.

Sí, amigos y amigos, pebetes y pebetas, cafishos y grelas: ahí mismo, frente a los ojos de Badía, Toti lloró. Hubo segundos de tensión. Y Toti esgrimió las siguientes palabras:

“No, Juan Alberto. No. No es así como tú dices. Oh, juglares perdidos en la ciudad inhóspita: todos saben que no es en vano lo que hemos hecho durante el año pasado con nuestros compadres aquí presentes. Sí, nos equivocamos: mas es el error algo inherente al ser humano. Esto no invalida que el año entrante nos superemos. Miren, compañeros: necesito el trabajo. Porque el trabajo es salud, y la salud refleja el amor que sentimos los cristianos por la vida, por la pulsión que se agita en el infinito universo vacío. Ay, que el dolor, Juan Alberto, no te impida ver.”

Conmovido, a Juan Alberto Badía, nuestro Jefe espiritual, el hombre con toda una vida en los medios, se le humedecieron los ojos, y en un abrazo profundo se unió con Toti.

“Mire, señor Chumpete”, dijo, “tanto me han tocado sus palabras, tanto me han emocionado, que he decido que no mereces estar con esta manga de sátrapas y te voy a dar una columna semanal para ti solo”.

Dicho lo cual Toti dio varias vueltas carneros, hizo el avioncito, se mandó un fondo blanco con esperma de pitufo, y demostró de varias maneras (todas escandalosas) su gratitud ante Badía por su nueva columna semanal, que partir de hoy efectivamente (como podrán ver) saldrá en Lauweb.

Luego del festejo desmedido, Chumpete nos miró y dijo: “Señor Badía: le agradezco su amabilidad, pero yo no voy a hacer mi columna si los amigos, si mis antiguos compañeros, no siguen con su payasada. Es más: podrían entrevistar a famosos argentinos, ya que para lo demás no les da el cuero.”

El Jefe cedió y aquí estamos.

Perdimos a Toti pero ya estamos haciendo entre(no)vistas laborales para reemplazarlo: pueden mandar su mail a quieroserelnuevochumpete@badia.com.ar.

King Kong (segunda parte)

Convocamos a los inescrutables espíritus del Destino para conocer la historia completa de Toti Chumpete y su búsqueda del mono gigante King Kong. Que fue tremendo bajón, vieja.



Extraído del Diario del señor Toti Chumpete en su viaje a una isla desconocida para encontrar a King Kong y entrevistarlo… o algo así.

-Día 1: este viaje es una locura. La veo a nuestra secretaria La Vieja al borde de la demencia, como un Coronel Kurtz de la tercera edad. En este momento estamos en una lancha, rumbo… rumbo… Debería decir “rumbo a lo desconocido”. Pero la verdad es que vamos rumbo a la muerte segura, previo sufrimiento insoportable al rayo del sol y sin una gota de agua. Esto es como “El relato de un naúfrago” pero un poco más bizarro y decadente. A lo lejos veo ya la orilla… ¿Alguna vez volveremos a tierra? Lo dudo seriamente. Les describiré la tripulación… Bah, “tripulación” es una manera de decir… En realidad, voy a describirles a los temerarios periodistas… Bah, “periodistas” es otra manera de decir. En fin, me acompañan La Vieja (obvio), que ya se calzó una vincha a lo Ramba y se pintó los cachetes con el corcho quemado; también está el Raulo, otro de los laboriosos redactores de Lauweb, cuyo ojos están imbuidos en un desesperanza total; y por último, está… en realidad, estaba Juancito, pero se tiró de la lancha ni bien zarpamos haciéndonos burlas y gestos bastantes obscenos con los dedos. Siempre fue buen nadador.

-Día 2: sólo veo agua a mi alrededor. La Vieja me contó por tercera vez la historia completa de su vida, y Raulo sigue sin pronunciar palabra ni hacer gesto alguno. Pienso seriamente en renunciar a Lauweb.

-Día 3: creo que vimos una ballena a lo lejos o algo así. ¿Para dónde estamos yendo? Nadie lo sabe. Cuando zarpamos, nos dijeron: “denle parejo y para adelante”. Y aquí estamos. Ya casi ni recuerdo cuál era el objeto de este viaje. Las provisiones se están acabando por la maldita voracidad de La Vieja. Raulo sigue enmudecido.

-Día 4: se me está acabando la tinta de la lapicera y no veo ningún kiosko a la redonda. Por lo tanto, trataré de escribir sólo lo necesario. Hoy La Vieja me dijo: "He visto un caracol, se deslizaba por el filo de una navaja, ése es mi sueño, más bien mi pesadilla, arrastrarme, deslizarme por todo el filo de una navaja de afeitar, y sobrevivir."

-Día 5: recién me pareció ver la cancha de Boca a lo lejos. ¿Estaré alucinando?

-Día 6: por primera vez desde que partimos, habló Raulo. Eso sí: no nos habló a nosotros, sino a Dios. Sí, se puso a rezar un Ave María. Yo tengo esperanzas también, a mi manera. Acabo de ver botellas flotando y bastante contaminación en el agua, signo indefectible de que estamos cerca del Riachuelo.

-Día 7: sí, sí, tierra a la vista… Bueno, en realidad: ¡cemento a la vista! Creo que estamos a unas horas de llegar a Buenos Aires, justo para festejar la Navidad.

-Día 8: estamos en un taxi rumbo a la redacción. Ahora recuerdo que íbamos a entrevistar a King Kong. Pero bueno, ya fue. Y… ¡Ay, esta lapicera de porquería! C… o… o… no… la… vie… ja… y… la… re… pu… ti… si… mama… dre.

King Kong (primera parte)

Nuestra ambición no tiene techo: mandamos en una expedición a varios de nuestros mejores periodistas para localizar a King Kong. Sí, existe. ¿No nos creen? Muejejeje.

Hace unos años nos llegó el rumor: King Kong, el famoso mono gigante del cine, existe. Está en una pequeña isla en el Pacífico. Bueno, tan pequeña no es porque entra King Kong (chiste malísimo).

Pasó el tiempo, nosotros nos hicimos los descreídos (cosa que siempre queda tan bien) y olvidamos estos rumores. Pero hete aquí que hace justamente un mes atrás apareció nuestra benemérita secretaria La Vieja y nos dijo mientras se bailaba una cumbia villera:

“Yo tengo un sueño… Bah, en realidad lo tuve ayer, cuando me quedé dormida mirando Montecristo. Soñé que un mono gigante me secuestraba y me llevaba a una isla perdida, y que allí, en medio del furor amoroso, me decía: ‘oh, Vieja, ven a la isla a conocerme de verdad’. Desperté con la presión alta ese día, como si alguien me hubiese tirado la mufa. Callé esta verdad insoslayable para mí durante mucho tiempo, pero ya es suficiente: King Kong existe y quiero buscarlo.”

No sabemos cómo pero La Vieja nos convenció. Quizás haya sido su elocuente verba, o sus atractivas lolas recién operadas. No lo sabemos. La cuestión es que seleccionamos a varios de nuestros mejores hombres para que acompañen a La Vieja en esta riesgosa expedición. Toti Chumpete fue el primero en ofrecerse, claro.

Y zarparon nuestros valientes, rumbo a la nota más importante de la historia del periodismo mundial. ¿Fueron en un yate? No. ¿Fueron en una balsa? No. ¿Fueron a nado? Tampoco. Fueron en lancha. Sí, sí y sí. Partieron en una lanchita hacia lo desconocido.

Antes de irse, La Vieja, Toti y los cinco compañeros que los acompañaron les dejaron este saludo a todos los amigos de Lauweb:

“Sabemos que es largo el camino, compañeros. Bien lo sabemos. Pero no se dejen doblegar. La vida es dura y larga como… Como un puente largo. Como el Zárate Brazo Largo. Lo importante es que sean lo que deban ser, que no haya huracán que los derribe, que no haya Michael Jackson que los engañe ni Paris Hilton que los idiotice. Partimos, pero partimos para volver. Y volveremos siendo mejores hombres y viejas (si King Kong no nos morfa antes). Todo esto lo hacemos por ustedes. Porque, ¿qué sería de nosotros sin ustedes del otro lado? ¿Eh? Arrivederci y nos vemos a la vuelta.”

La próxima semana tendremos ya corregidos y ampliados los Diarios Intimos de Toti Chumpete en su excursión hacia la isla mágica y misteriosa donde vive (¿vive?) King Kong.

Continuará...

8.7.07

Lindsay Lohan

Toti Chumpete se nos enamoró de la Lindsay Lohan, ¿vio? Y nosotros quisimos hacerle un regalito de Navidad y lo mandamos a entrevistarla. Pero todo terminó mal. Muy mal.


Sí, sí, queridos lectores de esta alocada sección, quisimos darle un alegrón a nuestro estimado colega y colaborador después de tantas jornadas de amarguras.

Comprendan: Toti Chumpete es como un soldado. Siempre hizo todo lo posible, y aun lo imposible, para conseguir entrevistas que finalmente se vieron frustradas. Vaya como ejemplo la vez que lo vestimos a la Che Guevara y lo mandamos a entrevistar a Fidel Castro. El tipo se puso la boina y fue sin chistar. Y ese sacrificio, señores… Ese sacrificio (y se nos pone la piel de gallina mientras lo decimos) no será reconocido nunca por la sociedad, ni por el Estado, ni por Raúl Castells, ni… ni siquiera por nosotros.

Pero eso fue verdad hasta la semana pasada, cuando enviamos a Toti hacia Los Ángeles para entrevistar a la actriz Linday Lohan, habitual personaje de nuestra página web.

Sin lugar a dudas, podemos decir que Chumpete está re caliente con esta chica. Él dice “enamorado”, pero… Como señaló Niesztche: “la verdad está de la cintura para abajo”. Sea lo que fuere, quisimos cumplirle el sueño del pibe y le propusimos entrevistar a Lindsay.

A la media hora, Toti ya se había comprado un traje de primerísima línea, unos calzones Calvin Klein, un perfume de la misma marca... y hasta se había bañado. Cosa inaudita.

Por supuesto que no teníamos ni tenemos ningún contacto con la señorita Lohan, pero a nuestro calentón compañero poco le importó. Él mismo se sacó el pasaje y viajó hacia las tierras de Jorgito Bush.

En un hecho sin precedentes, Toti Chumpete decidió relatar él mismo lo que pasó en su valiente intento por entrevistar a una estrella de Hollywood.

Acá les va, de puño y letra de nuestro enviado (no) especial:

“No, no, no, no, no, no, no, no… Ustedes no saben… No saben lo que fue eso. Fue algo espectacular. Cuando llegué, me bajé del avión y… Uuuuuh, de sólo acordarme me pongo como loco. Es algo casi indescriptible lo que me pasó, algo que sobrepasa los límites incluso de mi afilada pluma. Y eso que yo empecé a trabajar ya de muy pequeño, para que sepan. Verán: mi padre era carpintero, mi madre era ama de casa y vivíamos muy felices en nuestra casa en las afueras de la Capital Federal. Todo esto hasta que una mañana me enteré de la tremenda noticia: iba a tener un hermanito. No, ustedes no saben lo tremendo que fue eso. No me olvido más, posta. Años más tarde con mi analista pudimos sacar a la luz este rincón oscuro, este resentimiento que había quedado en mi alma. Los celos… Uuuuh, los celos que me habían agarrado. Ya cuando mi hermano creció nos empezamos a llevar mejor… Bah, lo que se dice “mejor-mejor” no, pero hubo un avance en mi relación con él. Además, todos sabemos cómo son las relaciones familiares, ¿no? Como dije, mi padre era carpintero y yo le salí periodista. Mi viejo pensó que era gay cuando le comenté que ésa era mi vocación, así de duro era. Es un claro Complejo de Edipo que nunca pude resolver. Y mi madre… Bueno, ya la historia de mi madre es otra cosa: ella es hija de inmigrantes sicilianos. Su bisabuelo, incluso, había sido integrante de la mafia. Y después la guerra en Europa, y toda el viaje en barco, que bueno… Ahora se viaja mucho mejor que antes. Eso seguro. (No pude hacerle la entrevista a Lindsay Lohan). Y mi madre, bueno… Ahora, si hablamos de mi madre tenemos que hablar de una amiga suya, de la cual yo me enamoré platónicamente. (A Lindsay no la encontré por ningún lado, pero disimulen). Era una mujer muy adorable y fue como una segunda madre para mí. Pero, claro: cuando crecí me di cuenta de que la quería de otra manera. Ustedes entienden. (Soy un desastre, tengo miedo de que me echen a patadas). Después murió esa amiga de mi mamá y me quedó flor de trauma. Imagínense. En fin…”

Momento, momento… Recién ahora estamos leyendo la nota de Chumpete completa y… ¡es un chamuyero! ¡Ni siquiera cuenta su fracaso! ¿O habrá hecho la nota y se la estará vendiendo a Infobofe?

No, no creemos que Chumpete nos traicione así. Toti: si estás leyendo esto, volvé que no te vamos a rajar.

Pero… ¿en serio te enamoraste de la amiga de tu mamá? Fuerte.

7.7.07

Britney Spears

Britney quiere adoptar un niño. Por eso viajamos hasta USA para ver si acepta hacerse cargo de Toti Chumpete. Un negrito muy lindo, aclaramos.


Es un trato justo. Nosotros le damos gratarola a Toti Chumpete, ella nos brinda una entrevista exclusiva y todos contentos.

Por si no entienden un corno de qué estamos hablando, los ponemos al tanto con nuestro habitual laconismo: Britney Spears es una cantante pop yanqui que se hizo muy conocida siendo jovencita (si no sabés esto, vivís dentro de una botella... ¿nos dejás entrar?) y no paró de sacar hits insoportables uno detrás del otro y de menear sus cada vez más formadas curvas de aquí para allá, hasta que conoció al sátrapa de Kevin Federline (un bailarín de sus shows) que vive a costa de la rubia tarada y además ya le hizo dos hijos, lo que dejó a Britney hecha una bola de grasa.

No obstante, ahora la cantante quiere adoptar un niño “negrito” porque está de moda y queda re humano.

De lo que no se da cuenta es que adoptando un nene africano quizás le haga más mal que dejándolo donde está. Pero ése es otro tema.

Ahora sí vayamos a lo que nos compete. Cuando nos enteramos de las intenciones de Britney, pensamos en darle en adopción a nuestro habitual colaborador Toti Chumpete, que ya está crecidito pero que es bien negrito (pintado con carbón parece africano). Y a cambio de eso, la idea era proponerle una entrevista a Britney.

Al principio, Toti se negó, como siempre. Pero lo convencimos diciéndole que con Britney iba a vivir mucho mejor, y bla bla bla. Eso sí: se debía someter a un estricto régimen (una manzana al mediodía) para ponerse bien flaco, casi desnutrido, para dar con el look africano tan cotizado entre las estrellas hollywoodenses.

Flaco, negrito y hasta aniñado quedó Toti luego de un largo proceso de “africanamiento”.

Pero claro... tuvimos un pequeño problema. Cuando cazamos la Siambretta para ir hasta Beverly Hills empezó a llover, y al señor Chumpete se le corrió todo el carbón. “No, ahora no te va a querer la rubia”, dijimos a coro. “Pero no importa... yo pongo cara de negrito y listo”, afirmó, un tanto racista, Toti.

Tardamos ocho meses en llegar a Estados Unidos, pero lo hicimos. Buscamos en la guía telefónica la S de Spears, y empezamos a llamar. “Are you Britney?”, preguntábamos. A lo que nos respondían con cosas como: “Fakiú!”, “Maderfaquer” y otras improperios que no entendimos.

Estábamos en Los Ángeles, perdidos, ya casi sin ningún peso, con hambre, y negros pero por la suciedad que estábamos acumulando. Lo llamamos a nuestro jefe por cobro revertido para pedirle dinero, y nos contestó:

“Jódanse por boludos”.

Pensamos en lo peor: vender el cuerpo de Toti. “Necesitamos plata, Chumpete. Ponéte media pila. ¿Acaso no viste la película “Viven”? Bueno... esto no es peor que eso, viejo”, le dijimos intentando convencerlo. Pero no hubo caso.

Ya la desesperación estaba por invadirnos cuando justo un productor de películas clase B lo vio a Toti por la calle y le gritó: “Hey you, nigger... come on, come on”, y se lo llevó a laburar de extra en un filme sobre la amistad entre los africanos y los norteamericanos.

Nosotros nos volvimos sin Toti y sin la entrevista a Britney. Todavía estamos esperando que nuestro colaborador vuelva del exilio.

Sabemos que Lauweb se lee mucho en Estados Unidos, por eso queremos decir: te extrañamos, Toti. Hasta Badía está llorando por tu ausencia. Volvé, chabón.

6.7.07

Hugo Chávez

Hicimos la gran Che Guevara y en moto nos fuimos a Venezuela a entrevistar a Chávez. Y que viva la revolución bolivariana; muerte a Mr. Danger; etc.


“Iu ar a donkiii, mister denyer”, dijo Huguito Chávez al referirse a su querido amigo Jorgito W. Bush. Y hace poco, frente a la ONU, afirmó: “aquí todavía hay olor a azufreee, porque ayer estuvo el diabluuu”, refiriéndose al excelentísimo señor presidente de los Estados Unidos de Norteamericana. Sí, señores, podrán decir lo quieran de Chávez, menos que es cobarde. Por eso quisimos ir a entrevistarlo, por el sólo hecho de haberle pegados palos memorables a Bush.

Como el presupuesto no nos da para más, nos subimos a una Siambretta y con Toti Chumpete nos fuimos hacia Venezuela, como los Che Guevara y Alberto Granados de la posmodernidad, a recorrer nuestra América bolivariana, nuestra América revolucionaria, nuestra... Bueh, íbamos muy mentalizados con el discurso chavista, sepan disculpar.

Con Toti nos preparamos unos sanguches de mila y una banda de sonido especial para el largo viaje: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Quilapayún, Víctor Jara y otros. Quien les escribe se dejó crecer la chiva, se compró una boina y antes de salir se leyó el Manifiesto Comunista. En tanto, el señor Chumpete (ilustre cronista de Lauweb, ¿hace falta aclararlo?) llevó el mate amargo, las botas de gaucho y algo de dinero (nada de tarjetas de crédito imperialistas, ni sucios dólares).

Partimos desde el Congreso Nacional al grito de “¡Viva el Evo! ¡Viva Lula! ¡Viva Kirchner! ¡Viva Fidel, caracho!”, y así emprendimos nuestro viaje hacia la Gran América, la profunda América, para llegar a nuestro líder, Huguito Chávez, el revolucionariuuu, el heredero de Fidel... etc, etc.

Pero la Siambretta se nos descompuso a la altura de... de... San Pedro, provincia de Buenos Aires. Por suerte, allí viven nuestros amigos personales Mónica y César, quienes nos dieron una mano con la moto y unas cuantas naranjas de regalo. Nos tuvimos que volver en micro y con las manos vacías... ¡pero qué aventura, señor! ¡Qué aventura... de porquería! La próxima lo vamos a entrevista al Evo, que queda más cerca.

¡Saludos revolucionarios!

Osama Bin Laden

Lauweb se lanzó a la caza del terrorista más buscado del planeta: Osama Bin Laden. ¿La CIA no lo puede encontrar? Nosotros sí, o no. En fin...


“Vamos a conseguir la nota del año”, dijimos. ¿A quién podemos entrevistar que sea groso, muy groso, muy buscado pero que no dé nunca una entrevista? ¡A Osama Bin Laden! Obvio. Es el terrorista más buscado del mundo pero para nosotros eso no es un obstáculo. Nosotros tenemos algo que los demás medios de comunicación del planeta no tienen: contactos. Y coraje. Eso: coraje, valentía, honor, agallas... por eso le dijimos al portero (o encargado, como le gusta a ellos llamarse) del edificio donde está nuestra redacción que se pusiera un turbante y fuera directo a encontrar a Osama.

El tipo agarró enseguida. Sí, nuestro encargado es un hombre muy responsable, muy servicial. Se dejó crecer la barba, se calzó el turbante, le pagamos el pasaje hasta Afganistán (ida solamente, no nos alcanzó para el de vuelta), y el portero valeroso se fue para allá, a tratar de encontrar a Bin Laden.

Todavía no volvió.

Por eso, decidimos intentar por otro lado. Sacamos nuestra ya famosa en el mundo entero lista de contactos. Será famosa, pero no tenemos muchos teléfonos de amigos terroristas. Por eso, llamamos a Juan Alberto Badía. ¿Por qué? Todavía no lo sabemos, pero hasta ahora contactarlo a Juan Alberto nos ha traído buenos resultados.

“Che, Badía, ¿no tenés el fono de Osama?”, le preguntamos haciéndonos pasar por el fantasma de John Lennon. Pero ni así nos dio pelota. El plan B había fracasado.

En una extensa reunión deliberamos y sacamos la conclusión de que lo mejor era que alguno de nosotros fuera hasta la Triple Frontera, para intentar contactar a alguien que conociera a alguien que conociera a alguien cerca de Bin Laden. El encargado fue un compañero de la redacción, el señor Toti Chumpete, que se fue hasta la frontera con Paraguay y Brasil, y volvió sin ninguna noticia sobre el terrorista más buscado... pero con una linda cámara de fotos y un reproductor de DVD baratísimo.

Esas son todas las noticias hasta el día de hoy. La idea era tener la exclusiva para los cinco años de los atentados del 11-S, pero el maldito encargado todavía no regresó... ¿Se habrá unido a la banda de Osama? Fuerte.