Mostrando entradas con la etiqueta Enano Groso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enano Groso. Mostrar todas las entradas

16.10.07

Ricardo López Morfi (primera parte)

Las dos fuerzas más poderosas del Universo se juntaron para detener el fracaso: el Enano Groso y la Vieja meditaron semanas enteras y tomaron una decisión. ¿La víctima? López Morfi.


12 P.M. - Redacción de Lauweb: situación de estupefacientes, sala de ensayo, rocanrol.

La Vieja está haciendo yoga en un rincón, de regreso de su viaje por el Congo. Una rayo de luz parte en dos la oscura habitación. El silencio es total. En otro rincón está el Enano Groso, jefe absoluto del Universo y de esta redacción, fumándose un habano, meditando sobre el futuro del negocio, sobre el alza del dólar, sobre lo buena que estaba la mina que se cruzó en el ascensor y sobre el bagayo que ahora se tiene que bancar. El bagayo es, por supuesto, la Vieja, su amante desde hace dos meses. A los dos los separa una enorme distancia, a pesar de encontrarse en la misma habitación. Una hora hace que se encuentran allí: la anciana cruzada de piernas, casi en un nirvana; el enano fumando un habano infinito, largando humo por la nariz. El silencio es cada vez más profundo.

3 A.M. - Hamburguesería del payaso: situación pos-moderna, pre-visible.

El Enano se manduca unas papas pequeñas, mientras la Vieja sigue haciendo yoga. El silencio permanece, mientras de fondo suena una vieja canción de Ricky Martin. Unos niños juguetean en el pelotero, con caritas felices, resplandecientes, con su inonencia intacta... “¡pendejos de mierda!”, piensa el Enano Groso. Lo piensa, pero no dice nada, porque le prometió a la Vieja que iba a meditar lejos de sus samurais. Se contiene, va al baño, se tira un gas, piensa qué olor, se mira en el espejo, casi que no llega por su estatura, se sube a un banquito, se mira, piensa qué olor hay todavía, se lava las manos, se escupe las cejas, se saca una lagaña, piensa en la Vieja, vomita, piensa en sus amantes de antaño, se deprime, toma una pastilla, sale del baño, la mira a la Vieja que sigue meditando, piensa esta vieja chota me tiene podrido.

300,2 P.M. - Calle Perón, entre Uruguay y Talcahuano: situación de prostitución inminente.

La Vieja va a upa del Enano: una imagen digna de un Dalí empastillado. Sigue meditando. La Vieja, claro. El Enano extraña a sus samurais. La situación lo está poniendo tenso. Las bocinas de los autos, el 60 pisando a un transeúnte, un robo a un maxikiosko: nada altera a la actual jefa de redacción, ex secretaria, ex amante de Kevin Federline. No: ella medita. Y medita. Y sigue meditando. Son tiempos difíciles.

2 A.Mmmmm – Redacción de Lauweb: situación límite.

Y sigue meditando. El Yoga le pegó mal. O tal vez fue la sobredosis de cafias del fin de semana pasado. Nadie lo sabe. Pero La Vieja medita. Está casi convertida en un Buda con los pechos operados. Se eleva, su cuerpo se extiende, su alma toca el cielo, y dice luego de semanas de silencio: “¡Hay que entrevistar a López Morfi!”. Y agrega, con los ojos en blanco: “¡Y el encargado debe ser Mariano Bondiola”. Brillante.

40,3333333 F.M. - Salón exclusivo del Enano Groso, con dirección desconocida: situación íntima entre la vida y la muerte.

Luego de la sabia resolución de la Vieja, el Enano Groso solicitó una entrevista en su salón con Mariano Bondiola. Sentado en su enorme sillón (bueno, el sillón es grande pero además el Enano es enano), en casi completa oscuridad, rodeado (ahora sí) de sus samurais, recibió al periodista facho, ya libre de su condena por haber embarazado a Maru Botana.

“Dígame, dios mundano del periodismo: ¿qué deseaus de mius?”, dijo Marianito.

“Quiero que se calle la boca”, sentenció el Enano.

Uuuuuh, vamoooooo, y pegue y pegue y pegue Enano pegue.

“Escúcheme, pichón salido de mi huevo izquierdo: usted es nuestra última esperanza. Sí, así de mal estamos. Estuvimos meditando largo tiempo con nuestra Jefa de Redacción y llegamos a la conclusión que usted tiene que resurgir como el Ave Fénix. Escuche bien lo que voy a decir, engendro nacido en un container lleno de prostitutas: debe hacer entrevistas, pero nada de ser complaciente: queremos que saque al fascista que tiene dentro suyo. Mucho no le va a costar, eso seguro. No, no diga nada. ¡Silencio! Usted es el chicle que pisé hace dos años con estos mismos zapatos luego de pisar un sorete de perro. Así que cállese. Tuvimos varios cronistas, según me cuentan: un tal Toti Chumpete, zurdito incompetente que se hundió en el alcohol... ¿Usted es alcóholico, Bondiola? ¡No me conteste, le dije! Usted es apenas el piojo que mi abuelo tenía en la cabeza cuando vino de Europa y que mi bisabuela le quitó usando querosen. Después tenemos a un tal Marco Antonio, apodado Guachín. ¿Qué se puede esperar de semejante energúmeno? Dicen que ahora está recluido en Colombia, convertido en pastor. Ya lo mandé a buscar igual, sólo para torturarlo durante largas semanas. Y después, según me informan, tenemos a Martín y Leonardo, dos púberes que dicen estudiar periodismo... jajajajaja... periodismo, ¡Dios mío!... a estos dos pibes los tenemos trabajando por dos pesos, y por lo menos hacen el trabajo pesado y son bastantes chupamedias. Mire: ellos son lo mejor que tenemos. Porque usted, uña encarnada en el pie de mi hija no reconocida y muerta en un accidente de autos, usted es lo único que nos queda, y no sólo en esta redacción, sino también en el país entero, en este país vapuleado, en esta país destruido... En fin, me cansé de hablar ante un imbécil como usted. Se puede retirar. Lo único que le pido es una entrevista coherente con un candidato coherente como el señor López Morfi. Y a partir de allí, si todo sale bien, tendremos una nota con cada candidato a presidente. Saque el facho, Bondiola. Y ahora váyase antes que le destruya el tujes”.

Mariano se fue silbando bajito. En la puerta, un pibe le pidió una moneda para comer. El señor Bondiola, embalado por la diatriba del Enano Groso, sacó una metralleta que justo llevaba en un bolso y lo baleó al pibe de pies a cabeza, para luego bajarse los pantalones y mear el cadáver. “Ahí tenés, negrito mal parido”, dijo. Sí, se nos viene la noche.

Tenga miedo, señor Morfi.

30.7.07

Marcelo Tinelli (segunda parte)

Nuestros dos inexpertos y temerosos cronistas (Martín y Leonardo) se lanzaron estrepitosamente a la caza de Marcelo Hugo. El pánico en persona.


Luego de la asunción a Jefa de Redacción de La Vieja, y de que dos púberes del periodismo (Martín y Leonardo) fueran enviados a conseguir una entrevista sí o sí con Marcelo Hugo Tinelli, tal como contamos en nuestra anterior y decisiva entre(no)vista... bueno, luego de todo eso, les vamos a contar qué pasó (perdón, pero no sabíamos bien cómo empezar la nota y nos salió así, es que estamos un poco nerviosos por las políticas represivas del Enano Groso).

Obviamente, la entrevista no se concretó porque sino no estaríamos acá chamuyando como locos, y además ustedes estarían leyendo las preguntas y las respuestas del pope de la televisión inteligente. Estaba claro que era una misión suicida enviar a dos inexpertos a conseguir una nota con el capo de Ideas del Sur.

Sin embargo, acorralados, sin ninguna opción, transpirando temor, angustia, nerviosismo, allá fueron nuestros Martín y Leonardo. Se les ocurrió meterse cual chorros de poca monta en el edificio de la productora de Marcelo Hugo, pensando que así podrían secuestrarlo y obligarlo a contestar las preguntas a punta de pistola.

Esto nos deja una moraleja que aquí no queremos ni debemos obviar: cuando la gente está entre la espada y la pared, es capaz de hacer cualquier cosa. Piénselo, reflexionen, y mándenle un mail al Enano Groso para contárselo. La dirección es: latengobiengrande@lauweb.com.

Encapuchados cual piqueteros del MST, los dos inexpertos pichones de periodista treparon las paredes de Ideas del Sur (no nos pregunten cómo) y se metieron al mismísimo baño de Moria Casan.

Allí estaba la diva haciendo fuerza sobre el inodoro, puteando porque la diarrea la tenía a mal traer, cuando estos dos delincuentes cayeron por la claraboya. Imagínense la bizarra situación. Moria haciendo sus necesidades en el toilet, y dos pibes encapuchados que caen del techo.

La diva pensó inmediatamente: “¡secuestro, secuestro!”, y lo gritó de esa manera: “¡secuestro, secuestro!”.

“No, no, señora Moria, siga haciendo fuerza nomás, nosotros sólo venimos a secuestrar a Tinelli”, dijo Leonardo, poniéndose colorado pero no por la vergüenza, sino por el calor que le daba la capucha y por el olor nauseabundo que despedían las heces de la Casán.

Hacemos una breve pausa para aclarar que no es nuestra intención ser “asquerosos” ni “guarangos”. Lo aclaramos antes que nos lleguen miles de mails quejándose. Las cosas ocurrieron como las estamos contando, y no es nuestra culpa si la señora Moria Casan se había clavado una morcilla justo esa noche. Sí, señores y señoras: los famosos también hacen fuerza (segunda moraleja que nos deja la entre(no)vista de hoy).

Continuemos.

A pesar de la aclaración de Leonardo, la diva siguió gritando desesperada, y no tardaron en entrar dos guardaespaldas que, haciéndoles una toma de judo, no tardaron en inmovilizar a nuestros púberes periodistas.

“¡Sáquenlos ya... y traiganme la 'Papparazzi' que todavía no terminé!”, dijo Moria.

Y ahí comenzó la brutal represión y el interrogatorio de los guardaespaldas: “¿Quiénes son?” “¿Para quién trabajan?” “¿Son medio boludos?”, etc.

Martín se largó a llorar, pero ante el menor atisbo de violencia física desenbuchó: “Es culpa del Enano Groso, él nos obligó”.

Los guardaespaldas, o patovas si gustan, se miraron, y uno de ellos sacó su celular. ¿A quién llamó? Obviamente al Enano Groso para confirmar acusaciones y saber qué hacer con los dos buchones.

Temor con todo.

Por suerte, parece que el Enano Groso no estaba (después nos enteramos que se había tomado unas mini vacaciones en Santa Rosa de Calamuchita), y uno de los samurais contestó la llamada.

“Llamen a la Vieja”, fueron sus escuetas palabras orientales.

La locura, la pasión, el dolor, la acción, el frenesí, el terror, la catarsis, la... la... y la... Bueno, y algo más. Todo eso sintieron los pobres Martín y Leonardo en el momento que uno de los guardaespaldas les comunicó la sentencia de la Vieja: por no haber conseguido la entrevista con Marcelo Hugo, tendrían que trabajar gratis para la empresa por, digamos, unos... esteeee... por toda la vida. Y no sólo eso: serían sometidos a un bravo entrenamiento para conseguir entrevistas con famosos y convertirse en los nuevos Rinaldi y Polino de la web.

27.7.07

Marcelo Tinelli (primera parte)

“Les voy a dar una segunda oportunidad, manga de inadaptados, subdesarrollados, delincuentes: vayan a por Marcelo Tinelli”. Sentencia del Enano Groso.


Luego de la fracasada nota con Pablito Ruiz, el Enano Groso, nuestro Jefe máximo, no bajó la guardia y nos volvió a cascotear el rancho. Mandó a uno de sus samurais con una carta que aquí les reproducimos:

“Manga de parásitos inservibles: les escribo la presente para mandarlos bien a la mierda. Me veo obligado casi a humillarme para pedirles que hagan las cosas que deberían hacer solos. ¡Les pago un sueldo, carajo! ¡Ustedes saben cuántos pichones de periodistas tengo haciendo cola para trabajar por 0,50 la hora! Soy un hombre de pocas palabras, porque soy rico, multimillonario, y la vida (en realidad, MI vida) está para ser gozada, no para gastar saliva o tinta en inútiles como ustedes. Sin embargo, aquí me ven, dictándole estas palabras a uno de mis samurais para que se pongan a trabajar de una buena vez. Me fallaron varias veces, pero lo acontecido con el señor Pablo Ruiz fue inadmisible. Ese tal Marco Antonio, a quien ustedes llaman el Guachín, no volverá a pisar esta redacción jamás. Y jamás es nunca. Ahijuna con la lobuna si llego a enterarme que anduvo por estos lados. De todas maneras, y para no volver a cometer estos errores producto de mi bondadosa sapiencia, desde ahora la Jefa de Redacción será la señora rebautizada Amelita Gómez Córdoba Larreta de Groso. Se hará sólo lo que ella diga, ¿capisce? Y ahora quiero una exclusiva con Marcelo Tinelli. Punto. Que Alá se apiade de vosotros”.

La señora Amelita Gómez Córdoba Larreta de Groso no es nada menos que la emérita secretaria que nosotros conocemos con el apelativo de La Vieja. Sí, esa viejecita que ha pasado por tantos percances, que perdió a su marido y se enamoró de Kevin Federline, no sin antes teñirse el pelo de verde y hacerse los pechos (todo esto a los ochenta y pico), ahora es nuestra Jefa de Redacción.

Hacía tiempo que veníamos sospechando de la complicidad de La Vieja con el Enano Groso. Sonrisas picaronas entre ellos, una actitud demasiado poco sindicalista de la ex Secretaria... en fin: un cúmulo de situaciones que nos hicieron vislumbrar esta alianza.

¿Es la Vieja la nueva Graciela Fernández Meijide de la redacción? Temor.

La cuestión es que el mismo día que recibimos la carta, una alfombra roja se deslizó en la entrada de la redacción: era la ex secretaria, que a paso de diva argentina, entró sin saludar a sus antiguos amigos.

“Ahora quiero que alguien vaya hasta Ideas del Sur y haga una nota con Tinelli. Nada de excusas. Si no la consiguen, vamos a tomar medidas drásticas”, dijo una irreconocible Vieja, mientras pitaba un cigarrillo con boquilla.

Dos pibes, Martín y Leonardo, fueron los encargados de semejante tarea. Por la noche, se los vio a ambos rezándole, de rodillas, a la estampita que tenemos de Toti Chumpete en la redacción.

“Oh, señor Chumpete”, decían entre sollozos de fe, “guíanos por el camino del buen periodismo; dinos en este momento tan crucial para Lauweb cómo contactar a San Marcelo; danos tu serenidad, tu profesionalismo, tu sed de verdad; a tí nos encomendamos, señor Toti”.

Esa misma noche, se vio a dos sospechosos encapuchados entrar en la oficinas de Ideas del Sur. ¿Se viene el secuestro a Tinelli? ¿Será este el batacazo que haga tranquilizar al Enano Groso?

Todas estas respuestas, y muchas más, en la próxima edición.

22.7.07

Pablo Ruiz (primera parte)

El Enano Groso, nuestro amable Jefe, impuso la mano dura en la redacción: de ahora en más se hace sólo lo que él dice. El primer entrevistado post-represión: Pablito Ruiz.


En nuestra edición anterior, se armó flor de quilombo. Y sí. Vino en el Enano Groso, que ante la rebelión pachorrienta del Guachín, impuso la mano dura con sus samurais carentes de piedad.

Después de la amable sesión de tortura sufrida por el cronista cumbianchero, nuestro Jefe, con lágrimas en los ojos, pronunció las siguientes palabras de amor y paz: “Hijos de una gran perra, se ponen a trabajar ya o uno de mis ninjas les va a meter la espada samurai por el upite hasta sacarles los riñones por la boca, ¿capisce?”.

Y agregó: “de ahora en más, los personajes a entrevistar los elijo YO y se acabó”.

Conmoción general.

“Y el primer entrevistado será Pablito Ruiz. Sí, carajo. Y quiero que este condenado haga el trabajo”, dijo el Enano señalando a un devastado Guachín.

En ese momento, una risita burlona se escuchó entre el equipo de redacción de Lauweb.

El Jefe hirvió en cólera: “¡¡¡¿quién fue?!!!”, vociferó.

Pánico completo.

Desde el fondo, el pequeño Ignacio, estudiante retirado de Paisajismo, alzó la mano: “Fui yo... ¿y qué?”.

“Mirá, pibe”, dijo el Enano, “antes de tirarte por la ventana, quiero saber de qué carajo te reías”.

“Ja ja ja. Me río de Janeiro, petiso malparido. ¿Querés saber por qué, eh? ¿Te molesta la alegría del proletariado? ¡Nos quieren tristes para vencernos, pero no lo lograrán! De todas maneras, chichón de suelo, mi risa era de burla: sos tan estúpido que querés entrevistar a un muerto como Pablito Ruiz”.

El Enano Groso simplemente chasqueó los dedos, y de inmediato media docena de samurais encapuchados y blandiendo sus espadas agarraron al pobre Ignacio, le cortaron un brazo, la mitad de una pierna, se preparon un café con leche y con una de las orejas merendaron, no sin antes tirar el resto por la ventana.

“Y ahora se me ponen a trabajar, manga de turros”.

El Jefe se fue con sus samurais, y el silencio fue inmenso. El temor paralizó a la redacción. La tragedia se había cernido sobre nuestras cabezas. El odio había dicho presente, y la brutal represión expresó lo peor de nuestra sociedad. Viva la UCD.

“Eh, gato, ni en la cumbia hay tanto quilombo”, dijo el Guachín.

“Usted se va ahora mismo a hacerle la entrevista a Pablito Ruiz. No nos meta en más aprietos, señor Marco Antonio”, sentenció la Vieja, con una media sonrisa extraña dibujada en su cara.

“¿Y quién es el guacho ese? ¿Toca cumbia?”, preguntó un dolorido Guachín.

“No”, explicó la Vieja en tono cuasi amable, “es un señor músico y poeta, autor de los siguientes memorables versos: 'oh mamá, me estoy enamorando / oh mamá, ella me ha besado / oh mi mamá'. Así que, por favor, no sea irrespetuoso”.

En la próxima edición de esta loca sección, el Guachín haciéndose cargo de su primera entrevista a pedido del Enano Groso.

Permiso.

Martha Holgado

Fuimos a por él. ¿Por quién? Ah, no se lo vamos a decir... Mitad porque, bueno... nos da un poco de vergüenza decirlo... hoy no tenemos entre(no)vista. Pero sí quilombo.


La idea era entrevistar a Martha Holgado, pero se nos murió. Ésa es la verdad. Por lo tanto, vamos a ceder este segmento a la libre expresión a nuestros dos columnistas principales: La Vieja y el Guachín.

Palabra de la Vieja: “No sé qué corno poner, ¡madonna! No me pagan nada, eso para empezar. Pero no me puedo quejar: conocí al amor de mi vida, me hice los pechos, me teñí de verde... Aprovecho este segmento para promover mi poesía. Sí, yo saqué dos libros con poemas...

Lamentablemente (o no), mientras tipeaba esas palabras la Vieja sufrió un percance. Sí, el Guachín le rompió la cabeza con un jarrón.

“No soporto a la anciana chota essssta”, fueron sus palabras. “Si quieren arte, mamen de essssta”, continuó.

Cedemos, entonces, su segmento al cumbianchero violento: “Eeeeeeeh, locooooo, nadie quiere laburá acá... esto se va al carajo, gato... recatate, Enano Groso. Sí, te hablo a vo', ya sé que sos el más capito... “Mas capito”, ¿entendieron? Que se la masca, loco, se masca el pitoooo. Sí, no te tengo miedo, mandáme los samuraís y todo eso, que me la banco solo, topuuuu. Acá quiero birra para todos los muchacho', sino no escribo más, gato.”

En ese momento, inauditamente, entró por la puerta... bah, en realidad primero entraron los samurais por la ventana... y después sí, vino El, el Jefe, el Hombre, el Perro que nos Parió: el Enano Groso.

El Guachín salió disparado, demostrando su valentía. Pero claro: no pudo escapar al entrenamiento y a la perspicacia de los ninjas del Enano, que rápidamente lo inmovilizaron.

El Enano, una personaje de poco hablar, lo miró fijo al Guachín y pronunció las dos palabras fatídicas: “Estás despedido”.

Temor.

Para colmo, la Vieja irrumpió a los gritos: “Sí, rájenlo al atorrante ese, que osó coartar mi poesía y me pegó un jarronazo. Y si pueden fájenlo bien fajado”.

Acto siguiente comenzó la tortura (por lo cual comenzamos a pensar que La Vieja puede ser una infiltrada del Enano Groso). Los samurais agarraron al atemorizado Guachín, y lo llevaron a un cuarto oscuro.

Temor al cuadrado.

“No, gatuuu, te pido perdón, dale, recatate, señor Enano... pasa que me tomé una Cafia y me pegó mal... por favor... no me tortureeeee, nooooooooo”.

Los ruegos fueron inútiles. En el cuarto empezó a sonar un tema de Pocho laPantera a más no poder. Lo que sufrió ese muchacho...

En el próximo capítulo: ¿zafará el Guachín? ¿No lo veremos más? ¿Se viene la Mano Dura del Enano Groso? ¿Es la Vieja una infiltrada?

(No, no estamos mal... bueno, un poco).

15.7.07

Susana Giménez (primera parte)

La Capos de Lauweb nos metieron presión para que empecemos a laburar. Por eso, el Guachín se fue a Miami para encontrarse con Su. Pero la diva estaba en Barrio Parque tomando mate.


Postal de Susana Giménez conseguida por nuestro cronista de lujo Marco “Guachín” Antonio: la diva estaba en su mansión de Barrio Parque, sentada en una reposera, en sandalias, tomando adelga-mate, mientras se depilaba los chivos. Una imagen poco edificante, por cierto.

Tenemos esa foto, pero no la vamos a publicar acá porque sería de mal gusto… Bah, en realidad, nos ofrecieron plata de la revista Pente, Grasas, Paparrucha, pero… bueno, ocurrió una desgracia.

He aquí, en esta habitual y lisérgica columna, la historia de la foto exclusiva que nuestro cronista cumbianchero le sacó a la diva de los teléfonos.

La cosa fue así: era una tarde lluviosa y estábamos todos los integrantes del numeroso staff de Lauweb sentados, morfándonos una napolitana, mientras discutíamos si Toti Chumpete era gay, cuando de repente entran los Capos: vestidos de impecable negro, con sus sables samurais, al grito de “¡laburen, manga de turros!”.

Ojo, cuando decimos “capos” decimos “capos”, pero “capos-capos”… Les damos un ejemplo: ¿vieron Rinaldi, el columnista de Rial? Bueno, más groso. Sí, increíble.

Imagínense nuestro julepe: ¡nunca antes habíamos visto a los dueños de Lauweb! Guachiguau. Sí, lo sabemos, es muy groso, pero en ese momento, mientras teníamos nuestras gargantas contra el filo de las espadas, no nos gustó para nada.

Entre todos estos matones asiáticos se abrió paso un enano con sombrero y traje gris, que luego de media hora de silencio absoluto en la sala, dijo: “me he enterado, queridos empleados, que tengo acciones en esta página web. No entiendo cómo pasó, fue sin duda un error, pero aquí estamos. Y lo que es peor: soy el accionista mayoritario. Así que de ahora en más le voy a sacar tajada a esto. Con todo esto quiero decir una sola cosa… ¡LABUREN!”.

El enano pegó media vuelta, se fue, y con él todos los espadachines asesinos. Nos miramos con La Vieja, con el Guachín (que estaba pálido), con nuestro jefe editor, y hasta Toti Chumpete nos llamó por teléfono para solidarizarse. Estuvimos shockeados por unos días, recordando al enano… perdón, al Señor Enano, nuestro Jefe… quizás la persona más importante en la historia de la Humanidad.

Luego dijimos a coro, con un dejo de tristeza: “se acabó la joda… hay que empezar a laburar”.

“Eeeeeh, loco, lagurá, no… yo vine acá para conocer famoso’, no para lagurá”, senteció el Guachín.

“Aaaah, ¿querés conocer celebridades?”, dijo nuestro editor mientras se escupía una ceja e intentaba sacarse una basurita del ojo al mismo tiempo, “entonces te vamos a mandar a Miami a conseguir una exclusiva con Susana”.

“¿Qué Susana? ¿Toca cumbia la guacha esa?”, preguntó el Guachín mientras ensayaba unos pasos de murga y afinaba su teclado cumbianchero.

“No, es Susana Gimenez, la diva de los teléfonos”.

“Ah, si la guacha esa, la tengo, la tengo… ¿Y qué bondi me lleva a Mashami?”

Así estuvimos unos 15 minutos y 40 segundos aclarando estos asuntillos, hasta que finalmente logramos meter al Guachín en un avión y mandarlo a Miami en una misión imposible, casi suicida. Eso sí: tuvimos que ceder a una exigencia de nuestro redactor estrella…do. Sí, adivinaron: se fue para al país del norte con toda su banda de cumbia.

Como verán, la historia da para largo… Así que van a tener que esperar hasta la próxima semana para que desarrollemos la anécdota de la foto prohibida de Susana. Además, tenemos una resaca increíble. Y ya fue. Listo.